el orgullo

El orgullo es un pecado que nos aleja de Dios, nos separa de la verdad de que somos seres limitados, necesitados de la ayuda, protección y amor de Dios. La persona orgullosa camina por la vida pensando que se ha dado a sí misma la vida, los dones y los carismas que Dios le ha prestado. Bueno, puedes pensar que es una exageración, pero no lo es tanto.

Piensa en las veces que has ganado algo o que has sido reconocido por algo bueno que has hecho. Es normal que saquemos pecho y nos sintamos orgullosos de lo que hemos hecho, pero nunca olvidando que todo lo que tenemos es un don, es un regalo de Dios, que tal como nos lo ha dado, nos lo puede quitar. Dios es el único que puede permitir que pasen cosas malas y saber el bien que puede sacar de ellas.

Me viene a la mente un recuerdo de cuando era mucho más joven y todavía no conocía a Dios. Mis padres tuvieron una quiebra económica y eso para mí, en mi adolescencia, parecía como el fin del mundo. Hoy veo que Dios permitió eso y muchas otras cosas malas en mi vida, para que llegara al momento en el que estoy hoy. Para que pudiera confiar en Él y me enamorara de Él tal como lo estoy ahora.

El orgullo lleva a la destrucción

En el video «The secret sin we battle», que te comparto a continuación, Spencer Nakamura nos dice que el orgullo es la postura del corazón que cree que no necesita a Dios y cita Proverbios 16,18-19 que dice: «El orgullo (arrogancia) viene antes de la destrucción; el espíritu altivo a la caída. Mejor es ser humilde con los pobres que participar del botín con los soberbios».

El orgullo nos lleva a la destrucción, hace que las obras que hacemos estén manchadas por un amor desordenado. Ese amor que debía estar ordenado hacia Dios en la gratitud, se convierte en cerrazón del corazón y oscuridad.

Cuando decimos que el orgullo lleva a la destrucción, decimos que destruye la imagen de Dios en la persona. Todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y estamos llamados a crecer en la semejanza de Cristo: este es el llamado universal a la santidad.

Es claro que la vida de Cristo fue vivir según la voluntad del Padre, así que el orgullo desvincula a la persona de lo que le ha sido dado y lo lleva a pensar en una autosuficiencia que es completa mentira.

El orgullo nos lleva a caer en la mentira

Spencer también nos habla de Isaías 14, 11 que dice: «Ha sido precipitada al Seol tu arrogancia al son de tus cítaras. Tienes bajo ti una cama de gusanos, tus mantas son gusaneras», narrando la caída del Ángel que quiso ser más grande que Dios.

Eso es lo que pasa cuando creemos que somos mejores que Dios o que no lo necesitamos. Nosotros mismos nos empujamos lejos de la presencia de Aquel que es el amor.

¿Cómo batallar con este defecto?

Disciplina en la oración, pidiendo la sencillez de corazón, pidiendo a Dios que nos dé la humildad para reconocer lo mucho que lo necesitamos.

Servicio, salir de nosotros mismos y ayudar a las personas que más lo necesitan.

Conocernos a nosotros mismos, saber lo que debemos mejorar. Si creemos que no tenemos nada por mejorar, nos mentimos.

Confiar en Dios cuando llegan las dificultades, sabiendo que nuestra vida está en sus manos y que, si somos sinceros, ¡no podemos estar en mejores manos!