La Virgen María

Un establo en Belén, una noche, la eternidad llega. Una dama de azul nos trae al Redentor, un firmamento, la faz del Niño nacido. ¡Qué historia de amor la Navidad! La Virgen María soñó caminos, y nos ha traído a Cristo, el sol mayor.

La noche de paz, el silencio de Belén, tu corazón, el corazón de María y José, los grandes testigos.

Es que hablar de la Virgen María es, sin duda, hablar de amor. Pensar en el corazón de esta dulce Madre invita a sumergirse en el misterio grandísimo de una historia de amor entre un Dios hecho hombre y un pueblo deseoso de Salvación. Una historia que encontró su génesis en la docilidad y fe de María Santísima. Cuánto tenemos que aprender de Ella, una mujer cuyo deleite era hacer la voluntad de un Dios de amor.

María, con su «sí», soñó caminos para ti y para mí

Imaginó que para que la eternidad llegara a este mundo, su papel era enorme. Ella, portadora de la luz que ilumina toda tiniebla.

Esta dulce Madre, esta doncella preciosa vestida de sol, es una heroína no de ayer, sino de hoy y por siempre jamás. De María siempre deberemos aprender la fe y la docilidad, la capacidad de amar y la respuesta solícita al llamado del Señor.

Una dama de azul, coronada de estrellas, con la luna a sus pies, pero sobre todo con una voluntad presta a hacer lo que Dios le pide, aun sin entenderlo. Un corazón que ama hasta desbordarse, al punto de llevar en su seno a aquel que no pueden contener los cielos. Una vida ejemplar, una vida para amar, una historia para contar.

Junto a ella e Isabel, podemos afirmar: «Bienaventurada la llamarán todas las generaciones». Es que María, todos por siempre y para siempre, te llamaremos dichosa y bienaventurada.

Caminemos junto a esta Doncella, de la cual el sol siente celos, puesto ella albergó un sol mayor, Cristo. Veamos qué esconde este personaje tan hermoso e importante. María es gran partícipe y colaboradora de la venida de Jesús al mundo.

Jesús es la eternidad que llega. María es quien, con su docilidad, ayudó a que la eternidad inunde la Tierra con su amor y su Misericordia.

Ella soñó caminos… y quiere caminar contigo esta Navidad

La Virgen María

Ella, portadora de la Buena Esperanza, soñó con la venida del Mesías. Nuestra dulce Madre nos amó a ti y a mí, porque con la venida de su hijo amado a este mundo, nos transformó en el amor del Señor. Quiero que meditemos en este sueño de María y aprendamos de su fe, de su esperanza, de su oración y de su humildad.

La oración de María, ¡cuánto debemos aprender a orar como Ella! Una pequeña que se hallaba haciendo como tú y como yo en sus tareas del día a día.

Cuán presente María tenía a Dios en sus labores, que ante la presencia del ángel que le dio tan hermosa noticia, no se inmuta. Más bien, escucha presta y atenta lo que Dios quiere de Ella. Una vida de oración hace al alma dócil; una vida interior ayuda a que descubramos, como María, qué quiere Dios de ti y de mí.

Un corazón humilde como el de Ella, ¡cuánto necesitamos la humildad de María! Ella se reconoció ante el ángel como una mujer necesitada de Dios, como una criatura necesitada de ser amada por su Creador. En aquel cuarto de Nazareth reinó la paz, el silencio, la sencillez de una mujer que ama a su Creador; la sencillez que derritió el corazón de Dios. La sencillez que logró que Ella lleve en su seno al sol mayor, Jesús.

La fe y la esperanza de la Inmaculada: que, sin entender cómo el Señor obraría, pero confía en los caminos inescrutables del Señor, no reniega, no se preocupa de más.

Simplemente, escucha y, a pesar de toda duda, asiente, acepta y ama lo que Dios quiere de Ella. Que esta fe viva de la Virgen te inunde día a día, y amemos en todo momento y lugar todo lo que el Buen Dios quiere de nosotros. Porque el latir de un corazón enamorado encuentra su armonía en la esperanza, en la certeza de que Un buen Dios nos custodia siempre.

Una divina aventura de amor: la aventura divina de la Virgen María

La Virgen María

La vida, definitivamente, es una aventura, con sus experiencias, sus aprendizajes, sus procesos, sus caídas, sus inquietudes; pero es una auténtica aventura, y dado que hemos sido creados para el amor, que somos imagen y semejanza de un Dios que ama, podemos afirmar que la vida es una verdadera aventura de amor.

Toda aventura enseña, forma, pule y enseña a amar, y María vivió una divina aventura en el amor y por amor. María fue capaz de colaborar con Dios, trayéndonos al mismo amor de los amores.

Una aventura donde la caridad ardiente de María es capaz de incendiar un mundo entero, la caridad, el amor que es la respuesta a absolutamente todo. Hoy es preciso caminar junto a la Virgen María, prestos a amar, así como Ella que fue capaz de dejarlo todo por amor a su prójimo.

Te invito a que esta Navidad sea el inicio de tomar camino a amar; pidamos que la caridad ardiente de María incendie la tibieza y frialdad de nuestros corazones. Que vivamos desde el Belén de nuestros corazones, un auténtico incendio de amor.

María vivió desde siempre una auténtica aventura de amor. Y nuestra vida, a ejemplo suyo, debe ser una aventura donde amemos, donde nos demos sin medida a los demás, donde la dulzura angelical de esta dulce Madre nos enseñe a alivianar corazones, a consolar afligidos y a amar, porque es la manera más intensa de vivir el amor. Y

porque el amor es la respuesta.

Ella es una reina de un reino de amor: la Virgen María y la noche más hermosa de Belén

La Virgen María

La noche cae, María que sueña con el amor, está cerca de alumbrar el mundo con la eternidad que alberga su seno. La tradición nos enseña que José y María no encontraban lugar en ninguna posada. ¡2023 años después, ellos te piden que los albergues en tu corazón!

Un burrito y dos esposos que aman intensamente, en medio de la oscuridad, son los principales personajes de esta oda al amor, una oda donde tú y yo somos los amados por un Dios majestuoso, que tan pequeño viene al mundo.

La reina, la Madre, quien lleva en su vientre al Rey no encuentra donde alumbrar, pero su corazón espera y confía en las promesas del Señor. Esta dulce Madre hoy nos invita a no desfallecer nunca y confiar siempre en la hermosísima voluntad de Dios. El sueño de Dios, ese sueño de amor en María, está por hallar plenitud. El sueño de amor que Dios tiene para nosotros necesita que María more en ti y en mí.

Y por una noche, un establo, donde moraba un burrito y un buey, se vuelve el lugar más importante de la historia; Jesús está por venir. Y tan especial es el amor de Cristo, que cada Sagrario del mundo es un Belén donde Jesús habita esperando por ti y por mí. María, primer Sagrario de la Historia, nos trae a Jesús.

No podemos unirnos a los ángeles a cantar, pero nuestro corazón sí puede entonarle al amor. ¡Qué gratos debemos ser con esta Reina, con esta doncella, con aquella Mujer con más virtudes que estrellas en el cielo!

María, María, María, que siempre sea su dulce nombre el latir de nuestro corazón. Que el amor de esta dulce Madre derrita nuestra alma de amor por aquel Niño que en Navidad nace.

Junto a la Virgen María, feliz Navidad.