Cada vez que realizamos ejercicios espirituales o participamos de un retiro espiritual, contamos con un tiempo donde el silencio y la tranquilidad, hacen que se acreciente la oración y la cercanía con Dios. 

Es por esto, que todo retiro espiritual se convierte en una oportunidad para ir al monte Tabor y descubrir la divinidad de Cristo que se ha hecho ofrenda de amor por todos. Es decir, toda experiencia de ejercicio espiritual, se convierte en ocasión de transfiguración. 

Cuando nos acercamos más a la presencia del Señor, entablamos un diálogo más fuerte y confidente con Él. Nuestra relación trascendente se fortalece, llegamos a sentir aquello que sienten los discípulos, que les hace exclamar: «Señor que bien se está aquí, hagamos tres chozas». Como una búsqueda de eternizar el momento, por eso quiero darte cuatro consejos para cuando debemos dejar el monte Tabor y regresar al llano de la cotidianidad.

1. Recuerda que el Tabor hace parte de la realidad

Equivocadamente pensamos que aquellas sensaciones espirituales de paz y tranquilidad que hemos vivido en el retiro espiritual, son exclusivas de esos momentos. Y es así como comenzamos a caminar en una relativización de la vida común y corriente de cada día. 

Conocer la cercanía del Tabor, nos permite liberarnos de una tendencia actual, la de sacralizar lo profano y desacralizar lo sagrado. Algo tan sencillo como olvidar que la comunión con la familia o con los amigos es una experiencia sagrada que propicia el encuentro con Dios y con los hermanos. 

Es por esto que al volver de un retiro espiritual, debemos buscar la manera de ir transformando nuestra forma de ver la realidad y descubrir en ella un millar de riquezas que nos permitan estar en comunicación con Dios.

No olvidemos que el Señor nos habla de muchas maneras, en las Escrituras, en la naturaleza, a través de nuestros hermanos. Quien regresa del Tabor, debe tener el oído siempre dispuesto a escuchar, la mirada dispuesta a contemplar y el corazón propicio para amar. 

2. Todo momento y lugar son propicios para la oración

Seguramente habrás escuchado que la vida debe ser convertida en oración, pues hacer de la vida oración, es reconocer que toda responsabilidad, deber o actividad que realicemos diariamente, puedo convertirla en un momento espiritual de diálogo con Dios. Permitiendo así que todo aliento de nuestra vida vaya, cual suspiros de amor, elevando una oración. 

Suena algo difícil, pero la práctica hace al maestro dicen por ahí. Al comprender que toda acción se la puedo ofrecer a Dios, descubro también que toda mi vida es una experiencia de Dios. 

Piensa en cómo sería tu trabajo actual, si aquellas responsabilidades por tediosas que sean, se las ofrecieras al Señor y junto a ello, las realizaras con la mayor disposición de servicio. ¡Todo cambiaría!

3. El Tabor prepara para la vida diaria

Aquellos discípulos que presentes en el monte Tabor, deseaban quedarse allí, no habían comprendido la importancia de lo que estaba sucediendo. Jesús les invita a ese lugar para que presencien el testimonio de su divinidad, aquella que es atestiguada por la ley y los profetas, es decir, no se puede dudar de su veracidad. 

Pero la intención no era solamente que vieran quién era, sino que se prepararan para lo que venía, la misión de instaurar el Reino en el mundo. Por lo que el Tabor es el envío que el Señor hace a sus discípulos de ir a anunciar al mundo la Buena nueva que ya está presente. 

Por esta razón no se debe tener temor a volver a lo cotidiano o a ese choque con la «normalidad». Lo importante es reconocer que la experiencia de retiro espiritual nos ha regalado las herramientas para caminar de nuevo en la vida cotidiana, con la certeza de la fe y con la firme decisión de buscar la santidad en medio del mundo. 

4. No olvides que has sido transfigurado

Finalmente, las experiencias de retiro, ejercicios espirituales o convivencias, deben recordarnos que somos ciudadanos del cielo que militamos en el mundo. En la Transfiguración, Jesús muestra toda la luz de su divinidad y esa luz ilumina el rostro de los discípulos. ¡Sin duda su vida no volvió a ser la misma luego de este suceso maravilloso!

Un retiro espiritual debe propiciar el descubrimiento de situaciones que hay que ir transformando en nuestras vidas. Debe generar nuevos proyectos de vida y solidificar decisiones y procesos de conversión. Es allí donde realmente somos transfigurados.

¡Que el regresar a lo cotidiano, nunca te haga olvidar que no se puede seguir igual!