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Hay un tema que se ha hecho cada vez más común en nuestros días, y es el de la presión social. Querer satisfacer las opiniones ajenas y en consecuencia obrar de manera acorde a lo que se esperaría y no tanto a lo que nos gustaría.

Todos sabemos que no es bueno dejarse llevar por la presión social, aunque más de una vez seguro nos pasó que terminamos actuando en consecuencia a la misma, sintiéndonos incómodos al final… Estuve pensando que muchas veces quizás nadie nos dice nada, quizás no es el grupo en sí el que presiona, pero aun así nosotros nos sentimos presionados porque queremos satisfacer expectativas.

Eso nos lleva a hacer cosas que no querríamos hacer en primer lugar, o bien caer en un perfeccionismo absurdo por querer lograr lo que en teoría otros esperan de nosotros, o también ir cultivando ansiedades e inseguridades. Si es tan malo, ¿cuál es el antídoto?, ¿la respuesta para no sucumbir ante la presión del grupo? ¡A continuación te comparto algunas ideas que creo que podrían serte de ayuda!

1. Buscar la verdadera autenticidad

Queda clarísimo que lo mejor es crecer en autenticidad. Al menos, es lo que yo recomendaría. La mejor manera de hacer frente a la presión que podemos sentir, objetiva o subjetiva, es ser fiel a quien uno es en realidad.  

La verdad es que nuestra identidad va siempre haciéndose, vamos cambiando desde que somos chicos hasta ancianos, pero lo importante, lo que no cambia, son las virtudes que vamos forjando. Al respecto, podemos moldear nuestra personalidad de manera que se identifique con la Persona de Cristo, que ha de ser nuestro modelo, porque nos comunica sobre la plenitud y cuanto más plenos seamos más libres también.

2. Crecer en filiación divina

Quien se sabe hijo de Dios reconoce su propio valor, y quien entiende de su propio valor no lo menoscaba simplemente por tratar de caer bien.

«La filiación divina es una verdad gozosa, un misterio consolador. La filiación divina llena toda nuestra vida espiritual, porque nos enseña a tratar, a conocer, a amar a nuestro Padre del Cielo, y así colma de esperanza nuestra lucha interior, y nos da la sencillez confiada de los hijos pequeños». (San Josemaría Escrivá)

3. Olvidarse de los respetos humanos

Más que respetos humanos, tener respeto divino; que lo que nos importe sea agradar a Dios. El motivo por el cual uno cae ante la presión social es por el deseo de ser aceptado. Pero si consideramos que ya somos no solo aceptados, sino amados y escogidos por quien verdaderamente importa, es mucho más fácil decir no a lo que debe decirse no, decir sí a lo que debe decirse sí, y permanecer verdaderamente auténticos.

«¿Sabéis cuál es la primera tentación que el demonio presenta a una persona que ha comenzado a servir mejor a Dios? Es el respeto humano». (Santo Cura de Ars)

4. Dar a conocer las propias convicciones

Aunque no lo creas, sentir la presión social es una excelente oportunidad, ¿por qué? Porque es un momento en el cual podemos dar a conocer aquello en lo que creemos, lo que nos parece importante, las virtudes que queremos respetar, etc., y esa ocasión que en primer lugar podría parecer incómoda, se convierte en una oportunidad para hacer apostolado.

Y aunque eso no suene en primera instancia como algo muy atractivo, en realidad es excelente para reconocer a los que serán nuestros verdaderos amigos, opinen o no igual que nosotros. ¿Alguna vez te pasó que quisiste ganar la aceptación del grupo?, ¿qué has hecho para vencer la presión?, ¿Cuáles fueron los consejos que te ayudaron? ¡Cuéntanos!


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