Las mujeres, generalmente, nacen con una capacidad innata de hacer amigas, buenas amigas, amigas del alma y amigas hermanas del corazón. Las características psicológicas más abundantes en las mujeres son habitualmente la amabilidad y la extraversión, y como les fascina hablar, las mujeres habitualmente vienen «dotadas de fábrica» con las mejores herramientas para hacer amigas.

Los hombres… Bueno, los hombres somos generalmente un poco más «rústicos», y no tenemos todo tan fácil para este menester de tener amigos. ¡Pero los hombres necesitamos amigos! ¡Especialmente necesitamos buenos amigos, para poder mantener una vida de fe en crecimiento! «No es bueno que el hombre esté solo» dice el Génesis, y «Ay del que está solo» dice el Eclesiastés.



Nuestro Señor Jesucristo tuvo amigos. Al finalizar su predicación le dijo a los discípulos «Ya no los llamo siervos, sino amigos», dándole una nueva dignidad y un nuevo status: el que es amigo conoce todo lo que el otro lleva en su corazón, y se hace partícipe de sus alegrías y tristezas. Además, Jesús tenía un amigo especial, que llevaba muy cerca de su corazón: Lázaro. Las hermanas mandan a buscarlo diciéndole «Señor, el que tu amas está enfermo», y cuando Jesús se entera de su muerte, llora, y los que estaban cerca comentaban «cómo lo amaba». Si hasta nuestro Señor necesitaba amigos, y un mejor amigo, evidentemente nosotros también necesitamos amigos.

Pero no siempre es tan fácil: los varones somos generalmente más reservados, y nos cuesta mucho abrir nuestro corazón a otras personas. Por lo tanto, tenemos habitualmente pocos amigos, y no siempre nuestros amigos son «amigos del alma». Muchas veces pasa que los grupos de amigos tienen como motivo de reunión las botellas y la jarana, pero no es muy frecuente que nos juntemos a rezar el Rosario o a hacer una hora de adoración al Santísimo. Por ello, te propongo que evaluemos juntos cómo conseguir amigos y cómo mejorar junto a los que ya tienes.



1. Si no tienes amigos, búscalos

La amistad es como una planta: si no se cuida, se muere. Y las amistades nacen de la semilla de los conocidos. Si tienes dificultades para relacionarte con otras personas, o estás muy solo, comienza por proponerte un cambio, y ponle una fecha, así se convierte en una meta. Los amigos no te van a venir a buscar si tú no los buscas también. Afortunadamente, hay algunas personas que están en tu misma búsqueda, y solo es cuestión de dejar que la Providencia Divina actúe adecuadamente. ¡Hacer nuevos amigos es posible!

Lo mejor que puedes hacer es buscar amigos en tu parroquia o en los grupos de jóvenes. Si estás casado, entre los padres del colegio de tus hijos, o en lugares donde sepas que vas a encontrar personas que tengan tus mismos principios y creencias. «Mejor solo que mal acompañado» dice el dicho popular, pero si esa soledad te lleva a estar aislado y estéril espiritualmente, entonces es momento de tomar acciones concretas. Participar activamente de alguna actividad apostólica que te guste, y buscar entre los participantes aquellos con los que tengas mayor afinidad.

2. Si tienes amigos, cuídalos

Los hombres muchas veces no comprendemos que hay que cultivar (es decir «cuidar») las amistades. Creemos que porque estamos bien con algo, podemos hacer cualquier broma y el otro tiene que soportarlas con estoicismo. ¡Y no es así! Las amistades hay que cuidarlas, y especialmente si son buenas amistades, hay que cuidarlas mucho.

Las amistades se cuidan, en primer lugar «estando», es decir, con visitas, con conversaciones, con interés por cómo está el otro, alegrándonos con sus alegrías y acompañándolos en sus tristezas. El Papa Francisco dijo enuna ocasión: 

«En general, las verdaderas amistades no se explicitan, se dan y se van como cultivando. A tal punto que la otra persona ya entró en mi vida como preocupación, como buen deseo, como sana curiosidad de saber cómo le va a él, a su familia, a sus hijos…»

3. Quédate con los buenos amigos

Todos podemos tener muchos amigos, y muchos amigos de distintas fuentes. Como por ejemplo aquellos que quedaron de la infancia y adolescencia, los que conocimos en la universidad, los que conocimos en el club, o en la parroquia, etc. Pero no todos ellos serán siempre «buenos amigos».

¿A qué me refiero con buenos amigos? Son aquellos que quieren lo mejor para ti. Como dije en el párrafo anterior, son aquellos que si tienes un problema, te escucharán, y si les pides un consejo te lo dan. Son aquellos que cuando les cuentas una noticia que te hace feliz, se alegrarán contigo, y si les cuentas una noticia triste te acompañarán en el dolor. Y especialmente son aquellos que quieren lo mejor del mundo para ti: tu salvación eterna.

4. Sé un buen amigo

Naturalmente que si te vas a quedar con los buenos amigos, para que tus buenos amigos se queden contigo, tiene que haber una reciprocidad, y deberás ser un buen amigo para ellos. Acompañando en tristezas y alegrías, y, naturalmente, buscando lo mejor para ellos. Y si algún amigo «no tan bueno» te propone algo que puede dañar tu amistad (especialmente tu amistad con Jesús), pues entonces sé el buen amigo que aconseja y alienta a hacer acciones buenas, y no te pliegues a lo que te propone.

5. Deja ir a los malos amigos

Y si alguno de tus amigos te busca solamente para ir al trago, o de fiesta o a hacer cosas que no están de acuerdo a tu modo de vida, con el corazón en la mano debes dejarlo ir. Si tratando de rescatar a tu amigo los dos caen, el peligro es real. Si después de muchas negativas y pedidos tu amigo no camina en tu mismo sentido, es tiempo de buscar otras compañías. Eso no te exime de rezar por él y seguir buscando su bien, pero mejor alejarse de las malas compañías.

6. Debes tener un mejor amigo

En la medida de lo posible, y con mucho tacto, debes procurar que alguno de tus buenos amigos, se convierta en «mejor amigo». Un confidente, alguien que pueda confiar 100% en ti, y que tú sepas que puedes confiar 100% en él. En algunos colegios se prohíbe a los niños tener un mejor amigo, porque se dice que es «injusto» para el resto de los niños. Algunos viejos maestros de novicios de congregaciones prohibían las «amistades particulares». ¡Pero hasta el mismo Jesús tenía un discípulo al que amaba!

Es natural que tengamos algún amigo con el que nos sintamos hermanados por alguna característica particular, y precisamente esa es la característica más importante de nuestro mejor amigo: es un hermano que elegimos.

La amistad es importantísima para todas las personas, pero especialmente para el hombre católico, porque es un modo de mantenerse en el camino de la fe, y Dios se vale de nuestros amigos para acompañarnos en el camino de la fe. Los amigos son aquellas personas con las que nos sentimos bien, y que nos hacen sentir bien.

Termino con un cuento del Padre Leonardo Castellani, sacerdote argentino:

AMIGOS

Yo tenía tres amigos. Uno me regalaba plata. Era un buen amigo.

El otro una vez me puso la mano sobre la mano y me dijo:

-Si te matan, yo me haré matar por vos.

-¿Por vos o con vos? -le dije.

-Con vos -y no mentía.

El tercer amigo cuando iba a verlo se ponía alegre. Yo también me ponía alegre. Y estábamos alegres todo el tiempo. Era mi mejor amigo.

Para revisar personalmente: ¿Cómo son mis amigos?, ¿tengo buenas amistades?, ¿las cultivo y las mantengo?, ¿soy yo una buena influencia para mis amigos?