Cuando éramos pequeños, seguramente nuestros padres nos enseñaron a todos que debíamos tener cuidado con ciertas cosas porque podrían dañarse. Un ejemplo especial es cuando tomábamos con nuestras manos un vaso o un plato de vidrio, «ten cuidado»; «no pongas el vaso ahí, ponlo mejor frente a ti», nos decían a menudo.

Y eso está bien, aprender a cuidar las cosas significa que estas tienen un precio, un valor, y con mi cuidado yo le reconozco ese valor. Sin embargo, ¿esto puede distorsionarse en nuestra conciencia? ¿Cómo?

«Todo me es lícito, pero no todo conviene»

cuidado del medio ambiente

Esta cita de san Pablo, nos recuerda la necesidad de examinar bien a fondo las cosas. Todos sabemos que el cuidado del medio ambiente es algo no solo necesario, sino urgente en el mundo actual. Es necesario ajustar las medidas de consumo, es necesario mermar el uso de plásticos, distribuir bien los residuos y aprender a reciclar. Sin embargo, en el camino se ha ido deformando la necesidad de cuidado y se ha derivado en una idolatría hacia la naturaleza por algunos sectores.

La nueva era por lo general conduce a una idolatría de la naturaleza, donde se habla de esta como «un ser». Asimismo, hay quienes piden a «la creación» o al «universo» cosas y esperan una respuesta. Cuando se diviniza la creación entera y esta se convierte no en una creatura, sino en un dios, entonces deformamos el sentido que Dios le ha dado al Don de la creación.

Cambiamos un Dios personal, con quien entramos en una relación concreta, por un dios panteísta, donde lo encontramos «en todo». Por eso damos poder a la creatura, y no a su Creador.

El cuidado del medio ambiente, con una mirada cristiana de la creación

cuidado del medio ambiente

Cuando se pierde la mirada cristiana de la creación, fácilmente se termina idolatrándola, ¿cómo es posible que quienes reclaman la defensa de la naturaleza y de la creación tantas veces rechazan defender la vida de la persona humana?

Bien lo decía el papa Francisco: «Cuando no se reconoce el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad; difícilmente podremos escuchar los gritos de la naturaleza».(Laudato Si, 23).

No podemos ignorar los abusos que se han cometido en nuestro planeta. Muchas veces hemos terminado utilizando el mundo de manera egoísta. De esa manera, hemos causado problemas a toda la creación, donde en últimas sufrimos nosotros mismos.

El afán de consumo y de poder han conducido poco a poco a olvidarnos del precio que tiene destruir el planeta en el que vivimos.

Empezar por poner todo en orden

cuidado del medio ambiente

Si queremos generar un cambio, que conduzca al cuidado y no a la idolatría de la creación, es importante recordar que el Dueño y Señor de todo cuanto existe es Dios. Que la creación pueda expresar algo de la grandeza de nuestro Dios es muy diferente a decir que la naturaleza sea un dios.

Es fundamental implementar dinámicas de cuidado y reparación de la naturaleza, pues si es verdad que somos nosotros quienes hemos deteriorado la creación.

La conciencia personal sobre lo que consumo, reciclo y reduzco es importante. Si lo que queremos es una ayuda y acción concreta que conduzca a un cuidado real de la creación.

¡Pero no podemos rendirle un culto a la creación! No podemos creer que le pedimos algo a la misma como si se tratara de nuestro Dios.

Para entender el cuidado del medio ambiente, ver la creación como don

Santos como Santa Hildegarda de Bingen, hablaron incluso de cómo la creación proporciona medios para la sanación de la persona. Efectivamente, la creación es un don. Así, Dios manifiesta su bondad hacia sus hijos. ¿Quién no ha pensado en Dios alguna vez al estar ante un paisaje dado por la naturaleza?

Es que el hecho de que la creación sea tan hermosa, nos indica algunos rasgos de nuestro Dios, pues como don que es, puede conducirnos mediante su contemplación a algún rasgo del Señor, sin embargo, esto no la convierte en un dios por sí misma.

Purificar el corazón

Si es la primera vez que lees sobre esto, seguramente habrá cosas que no habías considerado, que no entendías, o que aún te cuestan entender. Lo fundamental como hijos de Dios siempre será vivir con el corazón abierto a ese diálogo amoroso con nuestro Padre, para que Él nos muestre y conduzca a toda verdad.

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