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¿Consejos para la cuarentena? Hace unos días Monseñor José Ignacio Munilla, Obispo de San Sebastián en España, compartió una sentida reflexión en un video de 15 minutos.

Hoy, basándonos en sus palabras, quisimos hacer una lista con siete consejos que deberíamos seguir para sacarle el lado positivo a esta cuarentena a la que la mayoría hemos sido empujados debido al coronavirus.


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1. Reconocer que soy vulnerable

Hace algunos meses, nadie sospechaba que estaríamos en una situación como esta. Atemorizados y confinados en nuestros hogares. ¿Quién iba a adivinar que la crisis generada por un microorganismo iba a hacer temblar al mundo entero?

Nos sentíamos muy seguros y de repente, como dice Monseñor Minulla «parece que todos nuestros planes, construidos sobre un castillo de naipes, se han desbaratado». Y así, de repente experimentamos nuestra fragilidad: somos vulnerables.

2. Recordar que Dios es providente 

Este es un tiempo de reflexión en el que nos podemos preguntar ¿qué podrá sacar Dios de esta situación? Evidentemente no podemos atrevernos a afirmar que Dios nos haya mandado un virus, pero por otro lado, sí debemos entender que Dios es providente.

¿Qué quiere decir eso? «Que Dios conduce el hilo de la historia a buen puerto y que no acontece nada sin que Él lo permita o tenga un designio de Salvación en cuanto acontece».

Vale la pena reflexionar sobre la situación actual de nuestra generación, que surgió como una generación más débil que las anteriores y que por su misma debilidad, ha dado a luz tiempos complicados. Tiempos en que los valores fundamentales, las raíces de la civilización y nuestras convicciones cristianas, se han puesto en duda.

Entonces, ¿qué tendrá que ocurrir para que ahora estos tiempos difíciles traigan de nuevo a personas fuertes como las de antes? «¿Será que este virus forma parte también de una providencia en la que estemos llamados a renacer, a ser fuertes y firmes? ¿A redescubrir el sentido y la raíz de nuestra vida?».

A entender que tenemos que ser más humildes, porque sin la gracia de Dios no somos nada. Pero con Él lo somos todo y podemos tener plena confianza y seguridad.

3. Acatar el llamado a la obediencia

«Lo que está aconteciendo es una llamada a algo de lo que estábamos muy olvidados, algo que es muy contracultural: la obediencia».

Estamos acostumbrados a hacer lo que nos da la gana y a pensar solo en nosotros. Pero en esta gran crisis hay un llamado a la obediencia. Con una serie de situaciones por gestionar, son las autoridades quienes tienen que dictar una serie de normas a cumplir. Y nosotros, con humildad y rezando por ellos para que lo hagan con la mayor lucidez posible, tenemos que obedecer.

No sirve de nada criticar o decir cómo lo harían mejor. Ahora es momento de renunciar a los propios planes y pensar en el bien común con responsabilidad.

4. Pensar, ¿cómo voy a gestionar mi tiempo?

Somos muchos quienes nos quejamos de no tener tiempo y decimos: «si tuviese tiempo rezaría más, leería más, etc». Pero ahora que estamos obligados a permanecer en casa, ¿cómo vamos a ocupar ese tiempo que tanto decíamos anhelar? Tenemos dos opciones.

Podemos perderlo, viviendo de una manera muy destructiva. Más video juegos, más pronografía, generando más adicciones y fastidio en el ambiente.

O hacer de ello un gran trampolín para superar esta crisis. Vivirlo como un tiempo de construir, madurar y encontrarnos en nuestro interior con una pregunta por el sentido de la vida.

Un tiempo especial en el que podemos pensar cómo servir a los más cercanos y por qué no, como un espacio de crecimiento personal a través de un buen libro o una película edificante.

En palabras de san Agustín: «Cuida el orden para que el orden cuide de tí». «Qué gran oportunidad la de vivir este tiempo como un regalo de Dios para crecer y madurar».

5. Ser conscientes de que es un tiempo de gracia y valoración

Al ser un tiempo de gracia, podemos ayudarnos de herramientas como las nuevas tecnologías, que nos brindan herramientas para enriquecernos en lo referente a la vida espiritual.

Pero además, este distanciamiento físico, nos ayudará a reconocer que en la vida cotidiana, nuestra vivencia de la liturgia y de la Eucaristía, son muy deficientes. Y paradójicamente, puede ser que ayunar, nos prepare mejor para luego disfrutarlas más.

Para ponerlo más claro: «Los que acudimos siempre a la liturgia, a veces escuchamos los textos litúrgicos de la Palabra de Dios sin la suficiente preparación y muchas lecturas nos resbalan». Y ¿qué tal, si en este tiempo, leyésemos con profundidad y preparásemos esas lecturas de la liturgia diaria, leyéndolas y profundizándolas?».

Y lo mismo con la Eucaristía: «Hay que reconocer que muchas veces comulgamos con frivolidad. Comulgamos demasiado fácil, sin la suficiente conciencia de lo que es prepararse para recibir a Jesucristo». Debiéramos a través de las comuniones espirituales que hagamos en estos tiempos que no podemos asistir físicamente, prepararnos y desear recibir a Jesucristo.

Y por último, es es una excelente oportunidad para hacer un examen de conciencia y preparar una buena confesión sacerdotal. «Este es un tiempo de gracia para que aprendas a orar, a estar con Él, a quedarte en silencio».

6. Pensar en los demás

Que esta gran crisis que estamos viviendo, nos haga pensar en los demás. Tomar en cuenta que el prójimo existe. Hasta que no nos pasa a nosotros o a alguien cercano, ignoramos la existencia del prójimo que lo padece.

Es una oportunidad para darnos cuenta de que antes de nuestro confinamiento, ya existían miles de confinados en campos de refugiados y pasos fronterizos alrededor del mundo. Es hora de sensibilizarnos ante su situación, olvidarme de mí mismo y amarlo.

«Cuando llegamos a amar a los demás hasta el olvido de nosotros mismos es un momento en el que espiritualmente crecemos de forma exponencial».

7. Prepararnos para la Pascua y no dejar de orar

«Si decimos que Dios no da puntadas sin hilo, recordemos que esto es Cuaresma, tiempo de preparación para la Pascua y el mes de san José, quien nos prepara para conducirnos de una manera humilde y sigilosa hacia Jesucristo.

Recemos por todos los afectados, por los que han fallecido, por las familias que están sufriendo, por los sanitarios, por los políticos que tienen que tomar decisiones delicadas y acertadas».

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