¿Te has dado cuenta que últimamente hay muchos artículos, videos en YouTube, posts en Facebook que hablan sobre cuál es la forma correcta de comulgar? Sin entrar en debates, te invitamos a un rápido viaje para que no olvides unas cuantas cosas que también son importantes a la hora de recibir el Cuerpo de Cristo. ¡Empecemos!

1. Elige bien qué hacer con tus manos

¿Sabías que al comulgar recibes a Jesús? Esto no es un dato anecdótico ni romántico, no es ciencia ficción ¡Esto es una misión! En ese momento Él vive en ti más que nunca. Entonces, estás llamado a convertirte en un Jesús más para tu gente.

Obviamente con tu peinado, con tus gustos musicales, con tu comida favorita, pero con el mismo amor hasta el extremo que nos pidió que tengamos en conmemoración suya. ¿Y qué tiene que ver esto con las manos?

Por ejemplo, piensa en personas que estén viviendo como los leprosos en la época de Jesús, es decir, que estén siendo excluidas por su entorno. Quizá un amigo tuyo de la universidad que nadie quiere hacer grupo con él, un tío tuyo que cometió errores y no es de la simpatía del resto de la familia. Un anciano cuya soledad lo está matando en un asilo u hospital, o un amigo de tu escuela que tiene una forma particular de ser y recibe muchas burlas por eso.

¿Sabes qué hacía Jesús con los excluidos de su época? ¡Los tocaba! Los abrazaba, los saludaba. No tenía miedo de acercarse, de tomarse un Starbucks con ellos o de subir en su Instagram una foto juntos. No tenía miedo porque sabía que cuando los tocaba, ellos entendían que el mismo Dios se interesaba por ellos.

¡Y ahí era cuando empezaba el milagro! ¿Y tú? ¿Ya sabes dónde poner tus manos antes de comulgar?

2. No descuides la posición de tus rodillas

¡Para ser libre te liberó Jesús! Él no nos quiere esclavos, sometidos a nada ni a nadie. Pero cuando pensamos en esclavitud se nos vienen a la mente las escenas de las películas del «Faraón» o «La Momia Regresa», donde habían muchos egipcios encadenados.

¡Pero no nos vayamos tan lejos! También son esclavos quienes dependen de los «likes» de sus seguidores para sentirse valiosos, o los que se les hace casi imposible dejar de comer esas galletas o postres aunque esto les mate la salud y el autoestima. O los que pasan horas en Netflix pero luego se arrepienten de no tener tiempo para nada, los que se volvieron dependientes emocionales permitiéndoles a sus parejas maltratos de todo nivel.

En fin, si eres de los que recibe constantemente el Cuerpo de Cristo, ¡Lucha por tu libertad! Y no dejes que tus rodillas se sometan a nada que te robe la vida en abundancia que te mereces.

3. Exprésate con las palabras adecuadas

Los que comulgan aceptan la misión de recibir a Jesús porque quieren vivir como Jesús. Y ellos saben muy bien que su slogan de vida es «ámense los unos a los otros», es decir no se hagan daño, no se destruyan, no se anulen, no maltraten la vida de otros, porque eso es antónimo del Evangelio.

Una de las formas más tentadoras y desapercibidas de caer en esto es con los famosos «chismes». Es muy provocador hablar mal del jefe que no está tomando buenas decisiones, del coordinador de comunidad que no está siendo organizado, del sacerdote que no tiene buen genio.

De la tía que comenta cosas raras en el grupo de Whatsapp de la familia, de la chica que sube muchas historias en el gimnasio, del chico que pasa todo el día con su enamorada. Del jugador de fútbol que cometió un error fuera de las canchas, en fin.

Jesús cuidaba mucho sus palabras porque sabía el impacto que tendrían en la vida de los demás. Así como pueden expresar mucho amor, también pueden provocar todo lo contrario. Bastó una palabra suya para sanar la esperanza del paralítico, la culpa del buen ladrón, la resignación de Zaqueo, la enfermedad de la suegra de Pedro, la dignidad de aquella mujer acusada de adulterio.

Esto hacía Jesús con sus palabras. Si comulgar es dejar que Jesús viva en ti, ¿estás dejando que también viva en las palabras que usas para hablar de los demás? Si guardas el anhelo de entender mejor la figura de Jesús, te recomiendo el curso online «Conocer a Jesús para vivir en Jesús» ¡no te vas a arrepentir!

4. Atento al silencio que estás haciendo

Jesús fue muy claro y le enseñó a sus discípulos a no callar ante cualquier injusticia que vieran a su alrededor. Ellos alzaban la voz para que los leprosos y las personas con algún tipo de discapacidad no se sintieran menos que nadie, para que los samaritanos y venezolanos (como ejemplo actual) por ser extranjeros no fueran menospreciados.

Para que las mujeres no reciban más piedras mortales ni frases perturbadoras por las calles, y para que todo obrero reciba su salario justo y sus horas extras bien pagadas. Lo hacían porque Jesús lo hacía. Porque Él no solo alzó su voz, sino su propio corazón en una cruz para que todos conozcan que la injusticia no tiene la última palabra cuando el amor es quien lucha contra ella. Si eres de los que comulga, entonces estaría bien que te preguntaras: ¿Qué situación de injusticia en mi entorno estoy llamado a denunciar y transformar?

Como te das cuenta, la experiencia de comulgar no termina con los avisos parroquiales, continúa en el lugar donde te encuentres las 24 horas del día los siete días de la semana. Entonces, si quieres cuidar tu última Comunión no dejes de preguntarte: ¿Qué te pide Jesús que hagas en estos días en conmemoración suya?

¡Ánimo! ¡No estás solo, tú sabes muy bien quién va contigo!

Artículo elaborado por Fernando Merino.