Hemos escuchado que “hay más alegría en dar que en recibir” (Hch 20,35) y aunque esta frase está llena de sentido, ¿cuántas veces olvidamos la alegría que hay en recibir? Acaso ¿no te pones feliz cuando recibes un regalo? Y qué regalo hay más grande que el mismo amor de Dios Padre que nos ama y nos abraza no solo a pesar de nuestras debilidades sino porque las conoce mejor que nosotros mismos.

En esta conferencia intentaremos redescubrir cómo Dios se acerca cotidianamente a nuestra vida en pequeños signos que a veces pasan desapercibidos ante nuestros ojos y cómo, ayudados de la gracia, podemos responder a ese llamado de Dios que nos busca incansablemente y nos sana con su infinito Amor.


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