En mi diócesis estamos muy preocupados por el tema del acompañamiento. Reflexionamos mucho acerca de las oportunidades que jóvenes y adultos tienen para discernir cuál es el plan de Dios en sus vidas.

Hablar de ello y compartir impresiones, nos ha llevado a entender que el acompañamiento va más allá de ese momento clave en tu vida en el que debes tomar una decisión. La decisión.

Cada día, cada uno de nosotros trabajamos y luchamos por aquello que parece nuestra «cumbre», nuestra «misión». Pero también cada día esa cumbre nos genera dudas o el camino para acceder a ella se vuelve tan duro y accidentado que, de repente, parece que no merezca la pena seguir. Algo así como una carrera de obstáculos.

De ello trata el corto animado que les presentamos hoy.

Algo más lento y largo de lo habitual, el video es una pequeña reflexión cargada de matices sobre la búsqueda de nuestra identidad o de nuestro lugar en el mundo.

Tómense un tiempo, creo que es de esas creaciones que traen consigo un mensaje diferente para cada espectador. Los comentarios al vídeo dan muestra de ello.

Nuestra búsqueda personal

Nuestra búsqueda personal se presenta como un camino algo oscuro, donde nada parece revelarse con total exactitud. El camino nos regala momentos inspiradores, pero también incidentes o desencuentros que nos hacen cargar sobre nuestras espaldas con dolor, miedo, angustia, preocupación, inseguridad.

El pequeño zorro que acompaña al senderista del vídeo aparece como esa intuición que viene y va para impulsarnos, orientarnos y animarnos a seguir. La reconocemos fácilmente, como un pálpito en nuestro corazón, y nos desesperamos cuando deja de estar ahí, o ya no la sentimos con claridad.

Alcanzar la cumbre parece una hazaña insólita. Y, en cambio, una vez que accedemos a ella y miramos atrás, frecuentemente restamos mérito al esfuerzo y dedicación invertidos.

No nos damos cuenta de que llegar hasta allí nos ha hecho mejores, hemos aprendido y, en realidad, somos más grandes gracias a ello.

La búsqueda incesante 

Una vez escuché un sencillo cuento sobre un hombre que después de su muerte se encontró en el cielo frente a Dios. No daba crédito a lo sucedido y, sorprendido, preguntó: «¿Cómo puede ser posible que hoy esté aquí frente a ti? Nací en una familia de tradición cristiana, pero no me convenció y decidí hacerme musulmán.

Tampoco aquello respondió a mis expectativas, y decidí adentrarme en la filosofía budista. Después de aquello, probé con el hinduismo, el espiritismo, el judaísmo, el animismo… y tantas cosas probé que no entiendo como después de mi muerte aún me dejas sitio aquí, contigo.»

El Señor le respondió: «¿Cómo no iba a hacerte un sitio si en toda tu vida no dejaste de buscarme?»

Visualizar la cumbre nos ayuda a tener un horizonte.

Lo que más me gusta del vídeo que les hemos presentado es que la historia no acaba en esa cima. Todo se transforma, todo vuelve a empezar, pero la persona ya no es la que era antes.

Esa actitud de búsqueda es clave para evolucionar, para moldearnos, para dejarnos tocar por Cristo. Esa actitud de búsqueda es el eslabón que permitirá, con paciencia, que descubramos nuestra misión, nuestra identidad, aquello que Dios sueña para nosotros.

La actitud de búsqueda se debe estimular. Muchos jóvenes hoy en día no sienten necesidad de encontrar nada: no hay sueños, no hay esperanzas.

Un día pregunté a mis alumnos cómo respondían ellos a esas grandes preguntas de nuestra existencia: ¿para qué estamos aquí? ¿Quién dirige todo esto? ¿Quién soy yo? Una de mis alumnas respondió: «Profe, son preguntas sin respuesta. ¿Para qué vamos a molestarnos a pensar en ellas si, en realidad, no pueden responderse?». 

El espíritu que provoca

La respuesta de mi alumna es motivo de preocupación. En nuestra diócesis nos preocupa el zorro. El zorro, sí, el zorro del vídeo. El estímulo, el espíritu que provoca, que reta, que conduce, que orienta, que guía. 

La llama que arde en nuestro corazón, incesante, agitadora y alborotadora. Sentirla, nos pone en alerta, en actitud de búsqueda, y dejar de sentirla también.

Nos preguntamos con frecuencia cómo podemos acompañar a nuestra gente, cómo podemos dar soporte para que no dejen de buscar, de preguntarse acerca de su misión, de sentir la necesidad de escalar montañas y de saber que en esa aventura no están solos.

¿Y tú? ¿Cómo haces para acompañar en su misión a otros? Comparte con nosotros.

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