En apenas unos días empieza la Cuaresma. Cristianos de todo el mundo nos preparamos a vivir 40 días de conversión que terminarán dando inicio a la semana más importante del tiempo litúrgico católico.

La Cuaresma se remonta al siglo IV, época desde la cual se empieza vivir como un tiempo de penitencia y renovación para toda la Iglesia a través del sacrificio, el ayuno y la abstinencia. Si bien en occidente este tiempo ya no es tan rígido en su vigor, nunca ha estado en discusión el que sea un tiempo al que necesitamos aproximarnos con espíritu penitencial y de conversión. 


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1. ¿De qué se trata?

Se trata de 40 días previos a la Semana Santa durante los cuales preparamos nuestro espíritu a través de la conversión. Los 40 días responden a una simbología bíblica: 40 días en el desierto, 40 días de diluvio, 40 años de marcha del pueblo de Israel, etc.  El número 40 tiene una intención especial en las escrituras y hace referencia a tiempos de prueba y de conversión. En esta simbología «el número 4 representa el universo material y el 0 representa el tiempo de nuestra vida en la tierra seguido de pruebas y dificultades» (Aciprensa).

2. Un camino de conversión


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No se trata de un tiempo en el que simplemente por tradición no puedo comer carne, o que tengo que dar limosna y mortificar mi cuerpo en todas las maneras posibles. No, estos cuarenta días para los cristianos no solo son un tiempo de penitencia sino un tiempo de preparación y conversión que nos ayuda a ponernos en sintonía con el sacrificio de amor que conmemoramos en el Triduo Pascual y así acompañar a Cristo en los misterios de su pasión, muerte y resurrección.

3. Empieza el Miércoles de Ceniza

El inicio del tiempo cuaresmal está marcado por el Miércoles de Ceniza, día en que recordamos que somos pecadores. Durante la misa se bendicen las cenizas hechas con las palmas del Domingo de Ramos del año anterior. Estas cenizas se imponen en la frente de los fieles con las frases: «Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás», o «Conviértete y cree en el Evangelio». La ceniza nos recuerda la propia mortalidad y fragilidad que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Le recuerda al cristiano su origen y su fin. El Miércoles de Ceniza no es obligatorio y las cenizas también las pueden recibir los no católicos. Este día debes vivir la abstinencia y el ayuno si tienes entre los 18 y los 59 años de edad.

4. Sacrificios y penitencias como actos de amor

El tiempo cuaresmal es un tiempo caracterizado por el sacrificio a través de la penitencia, el ayuno, la limosna y la oración. Si bien el sacrificio en cualquier esfera de la actividad humana es considerado como un valor cuando este es relacionado al esfuerzo para conseguir un resultado; el sentido del sacrificio para un cristiano va mucho más allá: está directamente relacionado al amor. Cuaresma es un tiempo ideal para encontrar este sentido. Las renuncias, las mortificaciones que en este tiempo nos imponemos sirven para empezar a entender o profundizar en el verdadero significado del amor. El amor que lo puede todo, lo soporta todo y lo perdona todo, un amor que viene de el mismo Dios que se entrega por nosotros. 

Se trata, como decía San Juan Pablo II, de «todo aquello que ayuda a que el Evangelio pase de la mente al corazón y del corazón a la vida». ¡Qué diferente es vivir la penitencia quitando toda connotación negativa que en lugar de animarnos a perseguirla nos disuade de ella! Entendiendo su verdadero significado la penitencia se transforma en un acto de amor profundo.

5. Ayuno: mucho más que dejar de comer

No se trata de suprimir todos los alimentos y andar gritando a los cuatro vientos que morimos de hambre porque estamos ayunando. El ayuno debe ser siempre ofrecido con amor y humildad, en el silencio del corazón. Ayunar no se trata solo de suprimir alguna comida o alimento por el que tenemos especial preferencia. Podemos ayunar de palabra y acción, tratar de no criticar tanto, de no decir malas palabras, de hablar con más amor y bondad, de no mirar mal a ese vecino al que ya nadie se aguanta, de hablarle a ese compañero de oficina al que todos ignoran, de ofrecerte a hacer algún favor o de invitar a almorzar a ese familiar con el que hace tanto no te hablas. Todo ofrecido como sacrificio amoroso al Padre. Todos los viernes de Cuaresma la abstinencia es mandatoria.

6.  La oración y la generosidad

La Iglesia designa la limosna, junto al ayuno y la oración, como un remedio contra el pecado. En nuestro tiempos la limosna se  hace aún más necesaria. Tiempos en el que lo material y el valor de las posesiones se hace excesivo, el dar limosna es remedio para el alma. Dejar de mirarse uno mismo para salir a auxiliar al más necesitado y no solo dar lo que nos sobra sino dar lo que nos cuesta. Es necesario dar con sacrificio, renunciar a lo nuestro en favor de los otros por amor a Dios mismo. La limosna necesita estar presente en este tiempo de Cuaresma para ayudarnos a dejar de pensar en nosotros mismos y entender cada vez más lo que significa entregarse por entero. La oración será esa constante comunicación con Dios para que nos muestre el camino y nos fortalezca durante nuestra vida.

7. Termina el día en que el verdadero sacrificio inicia…

La Cuaresma culmina el Jueves Santo. Es el día en el que el tiempo de preparación ha terminado y el verdadero sacrificio inicia. Renovados por estos 40 días nos preparamos para continuar acompañando a nuestro Señor rumbo al calvario. Nos hemos preparado para que nuestros corazones permanezcan ardientes en el amor a Cristo y mediante su gracia podamos continuar junto a Él el sacrificio de entregar la vida propia por amor.

«(…) La Iglesia, nuestra madre y maestra, además de la medicina a veces amarga de la verdad, nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno» (Papa Francisco – Mensaje Cuaresma 2018).

¿Qué otras cosas pueden hacer que tu Cuaresma sea un verdadero tiempo de conversión? Déjanos tu opinión en los comentarios.


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