Estamos terminando el mes de la Biblia y por todas partes se publican artículos y videos fomentando su lectura y uso en la vida espiritual e incluso en aspectos de la vida que parecen no tan espirituales y más bien domésticos. Como sea, estamos todos de acuerdo que la Palabra de Dios es un recurso fundamental, quizá el más importante, al momento de enfrentar la vida como “Dios manda”.

Pero esto puede conllevar algunos vicios y errores, pues es de acuerdo universal que este no siempre es un texto de fácil comprensión e interpretación y su uso, muchas veces fuera de contexto, puede significar menudos errores tanto teológicos como en la vida práctica.


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No se trata de ponernos a escribir un libro sobre un libro (aunque los hay y muchos), sino que dar algunas ideas para que la lectura, estudio y meditación de la Palabra de Dios, sea provechosa para todos y que al mismo tiempo, sean las Sagradas Escrituras nuestro mejor recurso a la hora de hacer apostolado. Por eso quiero compartir algunas máximas al momento de enfrentar el estudio serio, la oración sincera y la meditación de la vida frente a la Biblia.

1. El error de comenzar por el principio

Parece obvio pero no lo es. Si uno desea disponerse al estudio serio de la Palabra de Dios y su lectura con un corazón orante, no siempre es buena idea comenzar por el libro del “Génesis”. De hecho, muchas veces regalamos Biblias a nuestros amigos que comienzan su camino en la fe e ingenuamente nuestra indicación es llevarlos a las primeras páginas.


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Primero, el Génesis no fue de los primeros libros en escribirse, solo está ahí por una cosa pedagógica. Al mismo tiempo el libro del Génesis está lleno de lenguaje simbólico, que incluso muchas veces se contradice.  Siendo así, la mayoría de los especialistas recomiendan acercarse a la Biblia desde los Evangelios, las cartas de los apóstoles y lo último que sean los libros del Antiguo Testamento. Nuestros amigos de Aleteia nos ofrecen una propuesta similar para no equivocarnos y saber en qué orden leer la Biblia.

2. Quiero un texto para mi vida hoy… tomaré uno al azar

Sin duda una práctica muy frecuente dentro de los grupos más “carismáticos” (que de hecho es mi familia espiritual) y sobre todo aquellos más acercados a la teología y espiritualidad “evangélica”. No digo que esté mal, pero si es un poco irresponsable tomar la Biblia, mirar al cielo, abrirla azarosamente, poner un dedo donde caiga y luego leer lo que sea que salga ahí y esperar que eso sea un mensaje de Dios para mi vida. El cantante católico Martín Valverde tiene un chiste al respecto: «nada más imagina que abras en Mateo 27,5, las palabras de Dios para ti sería: “(…) y Judas se ahorcó”. No creo que Dios vaya a querer algo así para ti.

Te comentaba que esta práctica es frecuente en aquellos más cercanos a la espiritualidad “cristiano-evangélica”, pues ellos no tienen un punto de referencia al momento de acercarse a Biblia, nosotros si, le llamamos “liturgia”. Nada más revisa el sitio del Evangelio del Día y podrás revisar las lecturas que corresponden a hoy y que se leen y rezan en todo el mundo, en todas las Eucaristías.

Dios nos habla a través de la Iglesia, su palabra es fresca y nueva cada día y no es necesario usarla como si se tratara cartas de Tarot o dados, que dependiendo del azar dicen una cosa u otra. Dios tiene un mensaje para ti hoy, que la Iglesia ha discernido desde hace siglos y que sin duda hasta nuestros tiempos tiene sentido en nuestras vidas.

3. El contexto es fundamental para comprender el texto

Tanto para comprender conceptos como para interpretar los textos es fundamental comprender el contexto histórico, social, cultural e incluso económico en que cada uno de los Libros Sagrados fue escrito. Por ejemplo, las unidades de medida son un misterio si no te adentras en lo que ellas significan. Denarios, codos, lanzadas de piedra, estadios; todas ellas unidades que se usaban en los tiempos de Jesús.

Por otra parte, la interpretación de los textos cambia radicalmente cuando se sabe a quién iban dirigidos y por qué habían sido escritos. Un ejemplo común se da cuando se habla del tema de los tatuajes. Mi asunto no es decir si están o no permitidos, pero si mirar el texto más utilizado para argumentar que no son permitidos por Dios: Levítico 19, 28, que dice: «No te harás tatuajes». Más explícito imposible ¿no? No obstante un versículo atrás dice que los varones no tenemos que cortarnos los bordes de la barba ni redondearnos los cabellos, que en nuestros campos no podemos sembrar dos tipos de semillas, que si nos compramos un campo tenemos que esperar tres años antes de comer sus frutos y no puedes usar ropa que esté hecha con dos tipos de tela diferente. Es decir, los tatuados, los afeitados y los que usan una chaqueta impermeable por fuera y con forro térmico por dentro, son todos pecadores y arderán en el infierno, ¿Así? Pues ¡claro que no!, por eso es importante conocer el contexto social y político en que fue escrito el libro del Levítico para interpretarlo bien y no cometer torpezas y terminar juzgando a los demás en nombre de Dios.

4. La Palabra de Dios como un manantial fresco para nuestra oración

Seguro que el santo de tu devoción o el fundador de tu espiritualidad escribió lindas e inspiradas oraciones y meditaciones que acompañan tu vida espiritual, pero nada se comparará con las palabras del mismo Creador de la vida, de tu Padre Celestial. Por eso, hacer oración con la Biblia, es una de las cosas más provechosas en el camino espiritual de los cristianos y para esto, el método por excelencia es la Lectio Divina, una forma de oración que, si bien podría parecer un poco “racional”, nos ayuda a abrir el entendimiento y el corazón para descubrir la voz de Dios a través de su palabra.

Hace un tiempo, el Papa Francisco nos ayudó con su mismo ejemplo al momento de hacer oración con la Palabra de Dios. También puedes profundizar más en este método con la ayuda del proyecto “Lecionautas”, una iniciativa de la Conferencia Episcopal Latinoamericana para incentivar el uso de la Biblia en la oración.

5. No te quedes con la primera Biblia que encuentres

La Biblia fue escrita originalmente en Hebreo, Arameo y Griego. Obviamente es poco probable que alguno de nosotros conozca esos idiomas. Es por eso que la Iglesia, históricamente ha propuesto diferentes traducciones. No me atrevería a decir que hay traducciones malas, pero si hay algunas más precisas que otras y al mismo tiempo algunas más difíciles de leer que otras. Generalmente es proporcional la fidelidad a los textos originales con la complejidad que presentan.

Dentro de las más comunes está la Biblia Latinoamericana, pero hay muchas otras versiones, te recomiendo que te acerques a ellas y tengas otra Biblia además de la tan querida “Latinoamericana”. Sin duda la ésta es la Biblia de combate para el católico: su tamaño de bolsillo es cómodo, sus comentarios a pie de página son muy buenos, su traducción es inigualablamente fácil de comprender y su precio no tiene competencia. No obstante, sus virtudes son la raíz de sus defectos. Fue concebida para un pueblo latinoamericano que salía del analfabetismo y por lo tanto algunos de los misterios más profundos de la fe, son explicados de forma muy sencilla, restándoles fuerza. Al mismo tiempo, en su afán de hacer las cosas fáciles, por ejemplo, llega a decir en el Salmo 150, que en tiempos de David se alababa a Dios con guitarras, las que fueron inventadas miles de años después, pero obvio, ¿cómo decir cítaras, si la gente sencilla no iba entender que era si nunca había visto una?

Por eso te invito a tener más de una traducción de la Biblia y obviamente, tener una de cabecera, la favorita, esa que en su lenguaje, te ayuda a comprender de mejor forma los misterios de Dios.

6. Usa las notas a pie de página

Los Biblistas llaman exégesis al ejercicio que se realiza cuando se cruzan los textos y se encuentra coincidencias entre ellos. Cosa muy común en los Evangelios, en donde incluso de forma explícita los autores sagrados hacen referencia a diferentes profecías que hablaban de Jesús y que se iban cumpliendo en Él.

Esto no queda reservado solo para grandes estudiosos de la Biblia. De hecho todas las Biblias traen referencias a otros textos, generalmente al comienzo de cada relato o párrafo o bien al pie de la página. Es importante esto, pues un mismo relato, puede contener detalles diferentes en los distintos Evangelios o bien se puede complementar con algo de las cartas de los apóstoles o algún libro del Antiguo Testamento. Muchas veces navegar entre esas citas bíblicas es un ejercicio de horas, una verdadera aventura que termina siendo un estudio bíblico. También nos ayuda a comprender aquello a lo que nos referíamos antes, del contexto, de los porqué, de las formas y costumbres de la época o bien nos ofrece una interpretación de parte de la Iglesia a algún texto confuso y de difícil comprensión. Nunca abandones un pasaje de la Biblia sin antes revisar si tiene referencias a otros textos o si hay algo sobre él en el pie de página.


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