Cómo tomar decisiones

Hace poco vi un video que me conmovió profundamente. El Papa estaba rodeado de jóvenes, durante una vigilia de oración. Una chica le preguntó cómo se puede tomar buenas decisiones en la vida.

La respuesta del Papa fue breve, pero profunda: «La vida no se improvisa, se construye. Y se construye tomando decisiones valientes. Sin miedo».

Te invito a que lo veas tú mismo: el video está en YouTube, en el canal oficial del Vaticano, y te lo comparto aquí también.


Yo lo vi más de una vez. Lo escuché con el corazón abierto. Porque, aunque uno crea que tiene su vida resuelta, todos tenemos decisiones que tomar. Y muchas veces, esas decisiones nos asustan.

¿Cómo tomar decisiones? ¿Cuántas estás postergando?

Yo quiero preguntarte algo: ¿Cuál es esa decisión que estás postergando?

Tal vez es una conversación difícil. Un cambio de camino. Una renuncia que sabes que debes hacer. Una entrega que el Señor te está pidiendo. Todos tenemos algo que decidir. Y muchas veces no lo hacemos, no por prudencia, sino por miedo.

Romano Guardini lo decía de forma muy clara: «El hombre se realiza en la medida en que se decide. Quien no decide, no vive plenamente: simplemente se deja arrastrar».

Y el Papa lo expresaba con otras palabras: «Muchos no avanzan en la vida porque no se deciden. Pasan los años esperando, dudando, pero no se atreven a dar el paso».

Ese «no decidir» también es una decisión. Es quedarse en la orilla. Es perder la gracia del momento. A veces estamos tan enfocados en analizar todo, que nos paralizamos. A eso se le ha llamado la «parálisis por análisis»: pensar tanto en los pros y los contras, que uno se queda quieto. Y la vida no espera.

Discernir no es alargar indefinidamente la espera

Ahora bien, no estoy hablando de actuar con ligereza. Discernir es parte esencial de la vida cristiana. San Ignacio de Loyola nos enseñó que una buena decisión nace de un corazón libre, orante y atento a los movimientos del Espíritu. Pero discernir no es eternizar la duda. Es orar, buscar consejo, ponerlo delante de Dios… y luego, ¡decidir!

Henri Nouwen, en uno de sus libros sobre el acompañamiento espiritual, escribe: «Dios no suele darnos seguridad absoluta antes de actuar. Nos pide fe. La certeza viene después, como fruto de haber caminado con Él».

Esto me ha ayudado mucho. Porque muchas veces, cuando espero sentirme “totalmente seguro” para decidir algo, me doy cuenta de que en realidad estoy esperando una seguridad que no llegará nunca. En cambio, cuando decido desde la fe, incluso en la incertidumbre, entonces todo empieza a encajar poco a poco.

Una historia de vida y coraje

Hace unos años conocí a una joven profesora de religión. Tenía una voz interior muy fuerte que le decía que debía dejar su trabajo administrativo y dedicarse de lleno a la docencia y la pastoral.

Ella me confesó que sentía miedo: tenía estabilidad económica, una rutina cómoda… pero no era feliz. Un día, en oración, se dijo a sí misma: «Estoy esperando demasiado. No decidir también es decidir». Y se lanzó.

Hoy acompaña procesos formativos con una pasión que contagia. Y cuando le preguntan si valió la pena, ella dice: «Sí. Porque decidí con Dios. Y decidí desde mi verdad».

¿Y tú? ¿Desde dónde estás decidiendo?

Tal vez eres catequista, animador de jóvenes, profesor de religión o alguien que acompaña procesos. Entonces sabes que no basta con enseñar a decidir: hay que aprender a decidir con el corazón lleno de Dios. Y eso solo se logra caminando con Él, en oración, en comunidad, y con valentía.

Quiero invitarte hoy a que te tomes un momento. Tal vez ahora mismo. Apaga un momento tu celular. Respira. Y pregúntale a Dios en lo profundo de tu corazón: «Señor, ¿qué me estás pidiendo que decida con valentía?».

No tengas miedo. Decide con fe. El Espíritu Santo camina contigo. No todo estará claro de inmediato, pero si decides con sinceridad, Dios será tu roca.

Oremos juntos

Señor Jesús,
a veces tengo miedo de tomar decisiones.
Quisiera tener todas las respuestas antes de actuar,
pero Tú me invitas a confiar.

Dame un corazón libre,
que no se quede atrapado en el miedo,
sino que se abra a tu Palabra y a tu llamada.

Enséñame a decidir contigo.
A elegir el bien, aunque duela.
A optar por la verdad, aunque no todos la entiendan.

Que cada decisión mía sea un paso hacia Ti.
Amén.

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