En el corto que compartimos a continuación, llamado «Whale» de Filmbilder, podemos ver a una ballenita que intenta acercarse a los demás, pero tropieza con la decepción de ser dejada de lado, quedándose sola y sin amigos, ya que su aspecto infunde temor más que otra cosa. No obstante, cuando se supera esta primera impresión, quienes en un principio la evitaban descubren que pueden divertirse con ella, que no es mala como pensaban.



Es un video bastante simple, y la idea no es nueva, puesto que todos alguna vez hemos tenido una experiencia similar, cuando nos apresuramos a juzgar al otro sin tomarnos el tiempo de conocerlo. Nos hacemos una idea a partir de las suposiciones, pero luego descubrimos a alguien completamente diferente. De aquí saco algunas reflexiones que podemos considerar:

Hagamos a un lado las etiquetas

Yo recibí muchas etiquetas y, haciendo un mea culpa, puse otras tantas. Lo bueno de reconocerlo es que puedo decirte que he aprendido que, si juzgamos, no queda tiempo para querer. Y hay que aprender a querer, aunque no terminemos siendo todos mejores amigos. Lo único verdaderamente necesario es que aprendamos a ensanchar el corazón, para que todos quepan.



Generalmente ponemos etiquetas cuando vemos diferencias: en materia de salud, de condición social, de aspecto físico, etc. Pero en la medida en que empezamos a madurar – independientemente de la edad que tengamos –, podemos darnos cuenta de que es justamente esta diversidad la que enriquece, abriendo un abanico en el que todos caben y de todos podemos aprender algo.

Caridad para todos

Aunque seamos todos tan distintos por fuera y por dentro, contamos con una idéntica dignidad, la de ser hijos de Dios. Ese es el común denominador con el que contamos y el que tenemos que tener siempre presente, pues en realidad es el único que importa.

Para ayudarnos a encontrarnos con los hijos, hemos de buscar al Padre; luego de amarle y tener una relación con Él, podremos amar con sinceridad a nuestros hermanos, nos sentiremos más cercanos, más unidos. Como lo pidió Jesús en la última Cena: «Que todos sean uno, como Tú, padre, estás en Mí y yo en Ti; que sean uno, como nosotros somos uno» (Jn 17, 21).

Puede sonar fácil pero no lo es, a veces esto requerirá un pequeño esfuerzo o sacrificio, siempre encontraremos personas que nos irriten un poco más, o con algunos defectos o maneras de comportarse que nos exijan más paciencia. Pero sí afirmo que, si en esos momentos donde estamos más tentados a juzgar, miramos al Padre, Él hará de intermediario y nos mostrará cómo podemos tener un poco de caridad con quien nos cuesta tenerla.

Mostrar apertura y disponibilidad

Cada persona es todo un mundo, más de lo que se ve desde fuera, hay mucho que se puede descubrir cuando nos esforzamos por mirar más allá de lo que se percibe a primera vista. Pero para eso es necesario tomarse el tiempo de conocer al otro, de renunciar a las primeras impresiones, de ceder al propio «yo» para dedicar un momento a alguien más.

Como escribió Jesús Urteaga en «El valor divino de lo humano», al referirse a la caridad con el prójimo: «Más que dar la vida por otro cristiano en un momento dado – que resulta fácil – el amor consiste en darle un poco de tu vida durante toda su vida. Un regalo de sonrisas; tu ayuda en su trabajo, tu aliento en su dolor, tu gozo en su alegría, tu amistad sincera, tus delicadezas. Todo lo que contribuya a hacer la vida más agradable a los demás».

La conferencia online «Paciencia y Esperanza», puede ayudarte a entender un poco mejor estás dos virtudes que se hacen cada vez más necesarias en nuestra vida para aceptar al otro tal y como es. Recuerda a esta ballenita la próxima vez que te veas tentando a juzgar a otra persona sin antes conocerla y anímate a compartir este post con tus amigos.