Cuando leí que el Papa Francisco dijo: «Una mayoría de matrimonios sacramentales son nulos» casi me caigo de espaldas al piso. ¡Yo tenía la misma hipótesis desde hace mucho tiempo! Trabajando en consejería familiar, cuando entrevistamos a matrimonios en crisis, y evaluamos cómo y por qué se casaron, descubrimos que muchas veces se tomaron al sacramento como una simple bendición, más como una costumbre social que una realidad sobrenatural. ¡Por eso muchas veces la gracia sacramental no actúa! ¡Es sencillamente porque no existe! Ante la enorme cantidad de matrimonios en crisis, tendríamos que preguntarnos si realmente están casados “como Dios manda”. Muchas veces, la respuesta a las crisis está allí, en la falta de comprensión cabal de los efectos del sacramento en los cónyuges y los hijos.

Otro de los problemas generalizados que provocan crisis matrimoniales es el desconocimiento que tienen uno del otro los cónyuges. Se conocen, se enamoran y se casan porque están enamorados. ¡Y cuándo se les pasa el enamoramiento, se quieren «descasar»! No se entienden, las mariposas en el estómago fueron brutalmente digeridas por la rutina y ahora no saben qué hacer con esa relación que no funciona de ningún modo.


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Por eso, además de reforzar la catequesis matrimonial previa y posterior al matrimonio, los futuros esposo deberían tener entre si un diálogo que de algún modo prevenga y minimice el riesgo de estas crisis. Y, ¿qué preguntas deberían hacerse los futuros esposos para que este diálogo rinda frutos? ¿Sobre qué temas deben hablar?


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