Vivimos sobresaturados de información y pendientes de vidas ajenas por causa de las redes sociales. Me ha pasado incluso de quedar a tomar algo con un amigo que hacía tiempo que no veía y casi decirle: «no hace falta que me cuentes qué has hecho, porque ya sé exactamente todo». Este comercial de Heineken, Alfa Beer nos transmite precisamente esto que te comento.

Lo que hay detrás del comercial de Heineken

Vivir con dispositivos móviles y redes sociales nos permite comunicarnos de forma ágil con las personas que hay detrás de la pantalla, pero a la vez nos puede involucrar de forma insana con realidades que no son las que se nos ha confiado en el momento presente.

Por muy libres que pensemos que somos, verdaderamente lo que percibimos por los smartphones nos puede hacer confundir. Podemos dejar de priorizar el bien al no distinguir adecuadamente donde está y donde no está mi realidad. 

Podemos estar frente a alguien… y a años luz de esta persona

¿Cuántas veces, estando con alguien que quieres, te has sentido a años luz de esa persona? Algo así es lo que les sucede a estos dos enamorados protagonistas del anuncio de Heineken.

Estos dos jóvenes se encuentran en una situación ideal, ambiente agradable, buena música, muchas luces, muy buen rollo, un escenario precioso, probablemente una noche de verano. Se juntan para estar juntos, probablemente no querrían estar en otro lugar, sino con la persona que tienen delante.

Pero en un momento sacan el teléfono móvil casi por instinto y empiezan a «aparecer» personas del trabajo, amigos y familiares de todos los rincones, pero después de eso, las cosas rápidamente se vuelven decididamente más extrañas: patinadores, chefs famosos, celebridades de las redes sociales y jugadores de baloncesto… todos los cuales logran separar a la pareja cada vez más.

El chico y la chica son incapaces de encontrarse, rodeados de tantos inputs externos en forma de personas. En un momento de lucidez se dan cuenta de que no se están encontrando, cuando lo que quieren es estar juntos. Creo que ambos se dan cuenta de que en el fondo no quieren estar en ninguna de esas vidas más que en la de ambos. Con nadie más, sino con la persona que de verdad les importa: la que tienen delante.

Así es como, con un simple gesto, dejan el móvil y empiezan a disfrutar de la compañía. Admiran el entorno, participan del presente, de su realidad, de la realidad que se les ha confiado. En definitiva, empiezan a vivir el momento de verdad. 

¿Heineken habla de la adicción al celular? Tal vez, de algo más

El video de Heineken nos muestra algo que ya sabemos… el teléfono móvil nos hace vivir otras realidades. Nos lleva a vivir vidas que no son las nuestras y nos quita tiempo de nuestra vida, la de verdad y la que merece verdaderamente nuestro tiempo.

Nuestro corazón es de carne y late, vive por y para el afecto real. La historia nos revela lo que realmente sucede cuando la pareja elimina todas las distracciones al apagar sus teléfonos, vuelven a estar, vuelven a sentir.

Es impactante cómo Heineken nos hace ver en tercera persona cómo cogemos el móvil de una manera automática, sin necesidad de nada. Nos damos cuenta de lo apegados que estamos cuando vemos que, incluso en la mejor situación, la cual no cambiaríamos por ninguna otra, sentimos la necesidad de revisarlo.

Ha llegado un punto en el que podemos estar en nuestro mejor plan, el más apetecible, con quienes más queremos, y aun así tomamos el smartphone. No hay ninguna necesidad, ni es para informarnos de algún suceso. No es para contestar un mensaje o ver fotos bonitas. ¡Ni siquiera porque queramos entretenernos un rato!

Casi sin darnos cuenta, tenemos un gran apego. Pero lo preocupante es algo más: ya no somos libres.

¿Qué buscamos cuando miramos una pantalla?

¿Y si vamos a la raíz? ¿Qué es lo que en el fondo buscamos cuando miramos el móvil? ¿Qué es lo que nos hace tener esa pulsión casi natural de revisarlo, incluso cuando no necesitamos distraernos? En el fondo buscamos la novedad.

Nuestro corazón busca sentirse lleno, estimulado por lo novedoso. Es que, en el fondo, anhela la siempre novedad, que es la eternidad. Existen dos tipos de novedades y estos dos versos de Álvaro García ilustran los dos tipos a los que me refiero: «Deja la actualidad, que se hace sola, / y ve al presente, que te necesita».

Deseamos novedades

Por un lado, la novedad más superficial o la actualidad es la que nos la brinda con mucha facilidad el contenido al que podemos acceder. Es mucho contenido diferente entre sí, muchos estímulos que nos resultan novedosos y nos generan picos de dopamina -llamada hormona del placer, que se encarga de gratificarnos y actúa de forma que al instante nos deja vacíos y con necesidad de más gratificación-.

Por otro lado, existe otro tipo de novedad. En el vídeo de Heineken se ve claramente cómo esa misma persona que tenemos enfrente todo el tiempo y por la que estábamos ilusionados es también una novedad. Vemos que ella ha estado esperando con nervios a que él llegara. Luego vemos a él, que ha llegado corriendo por las ganas que tenía de estar con ella y no querer llegar tarde.

Sí, el otro es también una novedad, pero una novedad diferente. Es una novedad profunda que vive en el presente y que más cuesta reconocer. Esa «novedad por profundidad» no gratifica de forma instantánea, como la novedad superficial.

Sin embargo, se acerca a la novedad que el corazón anhela y corresponde a una realidad que nos ha sido confiada. De hecho, las situaciones que propician que se perciba esa novedad segregan la hormona serotonina (que es la llamada hormona de la felicidad). Es esa la novedad que verdaderamente llena.

¡Aprendamos a asombrarnos!

Como vimos, la «adicción al celular» es solo una forma de buscar la novedad, pero puede haber muchas otras escapatorias. Reencontrar esa novedad profunda requiere de dos elementos. El primero es el tiempo. A veces, incluso requiere superar el aburrimiento, la costumbre o incluso crisis. No es algo dinámico y estimulante, sino más bien sostenido y calmado.

El segundo elemento que requiere esa novedad es la sensibilidad, adquirir la conciencia de que hay algo más allá en lo que tengo en frente. Más allá de lo que puedo percibir superficialmente. Más allá de lo que, aunque no vea aún o no lo sienta fuertemente, sé que está.

Esa sensibilidad nos hace reconocer que la novedad consiste en entrenar el asombro. Al educar nuestra sensibilidad nos resultará más fácil prestar atención y reconocer la novedad en aquello a lo que nos hemos acostumbrado. De ese modo podremos poner medios para que no busquemos falsa novedad donde en el fondo buscamos destellos de eternidad. 

Jesús Montiel con estas líneas nos ayuda a no despistarnos y perder de vista cuál es la verdadera actualidad y novedad que, lejos de las circunstancias, son las que verdaderamente nos ensanchan el alma:

«Este domingo he cometido un pecado gravísimo: a la hora de saber qué pasa en el mundo, me he fiado antes del periódico que de los árboles del barrio. Asomarse al períodico antes que a la ventana: así comienza el fin del mundo»

Habla del periódico, pero bien podría hablar de todos los mensajes en forma de novedad que nos llegan por nuestros dispositivos. De todo lo que nos limita a la hora de prestar atención a lo verdaderamente importante para nuestro corazón.

La novedad y la plenitud que anhelamos está en el presente

Nuestro corazón busca atajos para sentirse lleno. Busca novedad constante, pero no hay atajo posible para las grandes causas. Menos aún para las que involucran los afectos y el corazón. Para las grandes causas se necesita atención, sensibilidad y tiempo.

Bien sabemos que la felicidad está en el presente, en las pequeñas cosas, en la realidad que se nos ha confiado; en «hacer lo que debemos y estar en lo que hacemos», como san Josemaría Escrivá apuntaba.

Sabemos que los smartphones son una herramienta muy buena para muchos ámbitos, pero también sabemos – como bien apunta el documental The Social Dilemma de Netflix – que están diseñadas para que dependamos de ellas.

Vivimos esclavos de la búsqueda de emociones cuando nos falta el alimento más sólido: la verdad y el afecto que solo nos puede dar el prójimo. En el presente.

La buena noticia es que el ser humano fue creado libre. Tanto tú como yo siempre estamos a tiempo de rectificar. Con un simple gesto, podemos dejar el celular a un lado y mirar a los ojos a la persona con la que estamos y queremos estar. Para disfrutar de ella, como hacen los protagonistas el vídeo. 

 

Artículo elaborado por Carla Restoy

Heineken