En estos últimos meses hemos vivido situaciones que al principio parecían momentáneas pero que poco a poco se han instalando hasta formar una nueva normalidad.

Al experimentar el cansancio, sin quererlo, podemos adormecer la memoria y debilitar la esperanza, perdiendo los motivos de la alegría. A muchas familias les pesa esta situación prolongada, y si no actuamos puede comenzar a meterse una tristeza que va complicando a cada uno de sus miembros.

Sabemos que la mejor escuela para vivir como cristianos es la familia. Aunque las indicaciones que podrían ofrecerse son muchísimas, quiero compartirte cinco claves para fortalecer la esperanza en la familia:

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1. Recen en familia 

Ver cómo rezan los demás siempre ayuda a fortalecer las propias convicciones. San Josemaría resaltaba que: «La oración en la familia es precisamente el mejor camino para dar una formación cristiana auténtica a los hijos».

Aunque nos veamos flojos e inútiles, más aún cuando percibamos que los miembros de la familia soportan el peso de las miserias personales, hemos de acudir al Señor y repetirle que confiamos en Él, en su asistencia: si es preciso, como Abraham, contra toda esperanza (Rom 4, 18). Eso ayudará a todos a recuperar esa confianza en Dios.

Son especialmente hermosas aquellas oraciones que recogen la gratitud de todos y de cada uno. Pueden fijarse en los hechos más sencillos: ya funciona el frigorífico, tenemos pasteles para el desayuno, etc.

O pueden dar gracias por hechos más importantes: el amor entre papá y mamá ha sido bendecido con un nuevo embarazo, el abuelo ha superado la pulmonía, un amigo ha ido a encontrarse con Dios. 

¡Hay tantas cosas por las que siempre podemos estar agradecidos!

2. Háblenle a su ángel de la guarda

Desde su comienzo a la muerte, la vida humana está rodeada de la custodia de los ángeles y de su intercesión. Dice san Basilio, uno de los Padres de la Iglesia: «Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida».

Si nos van a acompañar siempre es bueno fomentar la devoción a los ángeles de la guarda, ponerles nombre, pedirles cosas, darles las gracias. Siendo cercano a ellos se fortalece la esperanza en la familia. 

Buscar que cada uno aumente su amistad con los santos ángeles custodios.Un buena forma será rezar la oración: «Ángel de mi guarda, mi dulce compañía. No me desampares, ni de noche ni de día, hasta que me pongas en paz y alegría con todos los santos, Jesús, José y María».

3. Hablen del cielo

Frecuentemente nos habla el Señor del premio que nos ha ganado con su muerte y su resurrección. Por ejemplo, en Juan se recoge: «Yo voy a preparar un lugar para ustedes. Y cuando haya ido, y les haya preparado el lugar, vendré otra vez y les llevaré conmigo, para que donde yo estoy estéis también vosotros».

En casa es importante que se hable del cielo, que es la meta de nuestro camino terrenal. A veces, la muerte de un ser querido puede ser un buen momento, pero también hay que saber buscar otras ocasiones para fomentar la esperanza de llegar allí. 

Que desde pequeños todos sean conscientes de que la vida no termina aquí. Hace que haya seguridad de que el sacrificio escondido y la entrega generosa tienen un sentido y un premio que van más allá de lo que el hombre podría esperar con las propias fuerzas. La esperanza del cielo fortalece la esperanza en la familia.

Nos ayuda a verlo en su real dimensión san Josemaría: «Si alguna vez te intranquiliza el pensamiento de nuestra hermana la muerte, porque ¡te ves tan poca cosa!, anímate y considera: ¿qué será ese cielo que nos espera, cuando toda la hermosura y la grandeza, toda la felicidad y el amor infinitos de Dios se viertan en el pobre vaso de barro que es la criatura humana, y la sacien eternamente, siempre con la novedad de una dicha nueva?».

4. Recuerden que Dios es un Padre bueno

La convicción de que Dios es un Padre amoroso, que nos quiere con locura y por eso desea nuestro bien, nos lleva a la paz y a la serenidad ante todos los acontecimientos.

Saberse hijo de Dios llena de verdadera esperanza. Si en casa fomentamos la certeza de alcanzar el cielo, porque Dios es bueno y es infinita su misericordia, todos tendremos más paz. 

Sabernos hijos de Dios nos lleva también a amar al mundo, que salió bueno de las manos de nuestro Padre Dios, y a afrontar la vida con la clara conciencia de que se puede hacer el bien, vencer al pecado y llevar el mundo a Dios.

El sentido de la filiación divina conduce por eso a una gran libertad interior, a una profunda alegría y al optimismo sereno de la esperanza. 

5. Recurran a la Santísima Virgen María

Habremos ganado mucho si en nuestro hogares conseguimos que ante los peligros, las angustias, las dudas, todos de forma natural invoquen a Santa María. Una buena forma será repetir de vez en cuando en familia la oración de san Bernardo:

«No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir su ayuda intercesora no te apartes tú de los ejemplos de su virtud. No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en Ella piensas. Si Ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás si es tu guía; llegarás felizmente al puerto si Ella te ampara».

Por último, me gustaría compartirte esta meditación de 10min con Jesús que te ayudará a entender más sobre la esperanza. ¡Estoy seguro de que te ayudará!