Vos, Señor, veis estos desórdenes y calláis como paciente, misericordioso y fiel en vuestras promesas; mas ¿por ventura habéis de callar siempre?

También ahora os dignáis sacar de este profundo abismo a un alma que os busca sedienta de vuestros deleites, y os dice de corazón: Yo he buscado, Señor, y siempre he de buscar la luz de vuestro rostro.

Pues muy lejos están de ver los que siguen la ciega oscuridad de sus pasiones. Porque el apartarse de Vos, o el volver a Vos, no se hace con pasos del cuerpo, ni consiste en distancia de lugares.

¿Acaso aquel vuestro hijo menor, de quien habla el Evangelio, tomó algún caballo, coche o nave, o voló con alas materiales y visibles, o echó a andar y se valió de sus pies para apartarse de Vos y llegar a aquella región remota y extraña, donde viviendo pródigamente desperdició y malgastó cuanto le disteis al tiempo de su partida?

Dulce y amoroso padre fuisteis cuando le disteis todos aquellos bienes, pero más dulce, benigno y amoroso cuando volvió a Vos tan pobre y necesitado.

Conque el estar un hombre apartado de la luz de vuestro rostro es estar sumergido en las espesas tinieblas de sus vicios. —Confesiones. Pag, 35

San Agustín