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No hay verdadero amor sin la conciencia de que Dios «es amor», y de que el hombre es la única criatura en la tierra que Dios ha llamado «por sí misma» a la existencia. El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, solo puede «encontrar su plenitud» mediante la entrega sincera de sí mismo.

Sin este concepto del hombre, de la persona y de la «comunión de personas» en la familia, no puede haber civilización del amor; recíprocamente, sin ella es imposible este concepto de persona y de comunión de personas. La familia constituye la «célula» fundamental de la sociedad.—Gratisiman Sane. Punto 13

San Juan Pablo II