Tantos años me he pasado trabajando por ser agradecida con Dios, que al ver mi impotencia me le declaré vencida y determiné dejarme amar, con un abandono completo. Por eso viendo que la lucha era tan desigual, tuve que abandonar las armas y le digo: “Vencida por tu amor, no me queda más camino que dejarme querer”. Ya no pienso en luchar por corresponderle, porque la lucha supone armas iguales, ¿Cuáles son las nuestras, para ponerlas en comparación con las suyas? Lo único que me resuelvo a hacer es decirle que Él mismo venga al sitio de mi derrota, en donde me encontrará abandonada a su amor, en la más dulce derrota. — Historias de la misericordia de Dios en un alma, Pag, 104

Santa Laura Montoya

Este sitio no es otro que mi suprema impotencia. Desde que esto hago, me siento descansada. Dejarse amar en el abandono, es la cosa más cómoda y dulce que puede hacer la suma impotencia, ¿No le parece reverendo padre? Dios nos hiere con su amor y ¿Qué otra cosa hemos de hacer que quedarnos heridos, quietecitos y perdidos en su misericordia? Si esto no es agradecimiento, no puedo tener otro.

Tengo además el convencimiento de que Él me pone el banquete y me lo como y Él mismo me lo agradece. ¿Será esto lo que llamamos descaro? Soy pues una vencida descarada. Confieso, sin embargo, que con esto temo escandalizar a quienes no conozcan las tramas del amor.