Si el viaje nos parece pesado, pensemos en el término que está quizás muy cerca. En nuestro viaje de Santiago a Viña, estamos quizás llegando a Quilpué… Y al pensar que el tiempo que queda es corto, apresuremos el paso, hagamos el bien con mayor brío, hagamos partícipes de nuestra alegría a nuestros hermanos, porque el término está cerca. Se acabará la ocasión de sufrir por Cristo, aprovechemos las últimas gotas de amargura y tomémoslas con amor.

Y así, contentos, siempre contentos. La Iglesia y los hogares cristianos, deben ser centros de alegría; un cristiano siempre alegre, que el santo triste es un triste santo. Jaculatorias del fondo del alma: contento, Señor, contento. Y para estarlo, decirle a Dios siempre: “Sí, Padre”. Cristo es la fuente de nuestra alegría. En la medida que vivamos en Él viviremos felices – Un fuego que enciende otros fuegos.


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San Alberto Hurtado