Hay solo una cosa en este mundo que es definitiva y absolutamente tuya: tu voluntad. Puedes perder la salud, el poder, las pertenencias, y el honor, pero tu voluntad es únicamente tuya, incluso en el infierno. Por lo tanto, lo único importante que haces en la vida, es aquello que haces con tu voluntad.
Precisamente fue la voluntad, la que hizo la historia de los dos ladrones crucificados junto a Nuestro Señor. Los dos ladrones renegaron en un principio. No había un “buen ladrón”al inicio de la crucifixión. Pero cuando el ladrón de la derecha escuchó que el hombre en la cruz del centro perdonaba a sus verdugos, experimentó un cambio en su alma. Comenzó a aceptar su dolor. Tomó su cruz como un yugo, más que como una condena, se abandonó a la voluntad de Dios, y volviéndose al ladrón rebelde, dijo: “¿No temes a Dios,tú, que estás en el mismo suplicio? Nosotros lo hemos merecido y pagamos por lo que hemos hecho, pero este no ha hecho nada malo” (Lc 23:40-42).

Y entonces, desde el fondo de su corazón, ya entregado a su Salvador, viene su súplica: “Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu Reino”. (Lc 23:42). Inmediatamente después escuchó la respuesta: “En verdad te digo que hoy mismo tú estarás conmigo en el Paraíso”(Lc 23:43).

Fulton Sheen