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El buen pastor tiene en los ojos y en el corazón la belleza de Dios Trinidad Santa, y a ella conduce sus ovejas, según ella configura su rebaño y hacia ella tiende con todo el empeño de su corazón, de su inteligencia y de su vida: hacia la Santísima Trinidad.

Porque una vez que un pastor ha conocido a Jesús, lo abandona todo para seguirlo, cambia, se regenera, se renueva: Zaqueo cambia (cf. Lc 19, 1). Mateo cambia (cf. Mt 9,9). Magdalena cambia (cf. Jn 20, 18). La adúltera cambia (cf. Jn 8, 1). El endemoniado cambia (cf. Mt 9, 32). Todos los que conocen a Jesús cambian. —El Gozo de la Esperanza. Pag, 17

Card. François-Xavier Nguyen van Thuan