En mi corazón no hay fe, ni amor, ni confianza, hay tantísimo dolor, el dolor del anhelo, el dolor de no ser querida. Quiero a Dios con todas las fuerzas de mi alma, y sin embargo, allí entre nosotros hay una terrible separación. Ya no rezo más, pronuncio las palabras de las oraciones comunitarias y hago lo posible por sacar de cada palabra la dulzura que tiene que dar. Pero mi oración de unión ya no está ahí. Ya no rezo, mi alma no es una contigo, y sin embargo, cuando estoy sola en las calles, te hablo durante horas de mi anhelo por ti – Ven, sé mi luz.


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Madre Teresa de Calcuta