Hermano mío, vela con diligencia en el servicio de Dios, y piensa muy continuo a qué viniste, y por qué dejaste el mundo: ¿por ventura no despreciaste el mundo para vivir a Dios, y ser hombre espiritual? Corre pues con fervor a la perfección, que presto recibirás el galardón de tus trabajos, y no habrá de ahí en adelante temor y dolor en tus términos. Ahora trabajarás un poco, y hallarás después gran descanso, y aún perpetua gloria. Si permaneces fiel y diligente en el servir, sin duda será Dios fidelísimo y riquísimo en pagar. — De la Imitación de Cristo. Pag, 43

Tomás de Kempis