Papá era un hombre severo, y esperaba mucho de nosotros. Recuerdo que cuando volvía a casa por la noche me despertaba para preguntarme si había hecho cosas provechosas durante el día, me interrogaba sobre la tabla de multiplicar y sobre los otros deberes escolares, y siempre repetía: «¡No olviden de quién son hijos!». Recuerdo con cariño la generosidad de mi padre — Madre Teresa de Calcuta. La madre de los pobres. Pag, 6

Madre Teresa de Calcuta

Daba comida y dinero, sin hacerse notar ni presumir por ello. A veces me enviaba a mí para que llevara dinero, vestidos, comida y otras ayudas a los pobres de nuestra ciudad… Decía siempre: «Ustedes deben ser generosos con todos, porque Dios ha sido y es generoso con nosotros. Nos ha dado mucho, todo, por ello deben hacer el bien a todos».

A casa venía a menudo una viejecita de 80 años que se llamaba Markoni, tomaba café, aguardiente y comía con nosotros en el almuerzo o la cena. Mi padre nos decía: «¡Acójanla bien y con amor, porque es pobre y está abandonada, no tiene a nadie!». Mi papá Köle a menudo me daba dinero comida o vestidos y me decía: «Vete a casa de aquella familia. No te hagas notar. Si encuentras la puerta o la ventana abiertas, deja nuestra ayuda y escapa pronto. Yo he hecho muchas veces este trabajo, como también Age y Ganxhe». Mi padre quería ayudar, pero sin hacerse notar, haciendo aquello que decía el Evangelio: «Cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha (Mt 6, 3)».