El discernimiento forma parte de la relación vital entre el hombre y Dios; es más: es precisamente un espacio en el cual el hombre experimenta la relación con Dios como experiencia de libertad, incluso como posibilidad de crearse a sí mismo. En el discernimiento, el hombre experimenta su identidad como creador de la propia persona. En este sentido, es el arte en el cual el hombre se abre a sí mismo en la creatividad de la historia y crea la historia creándose a sí mismo

El discernimiento es, por tanto, una realidad relacional, como lo es la fe misma. La fe cristiana es, en efecto, una realidad relacional, porque el Dios que se revela se comunica como amor y el amor presupone el reconocimiento de un «tú». — Discernimiento, Parte I
Marko Rupnik