¡Animaos! Vivid en paz, sufrid en paz, esperad en paz; y Dios, que es el Dios de la paz, hará triunfar su gloria en medio de esta guerra humana. Cosechad cuando es el momento, recoged las bendiciones que vienen de las contradicciones y así aprovecharéis más en un día que si trabajáis diez en otra estación. (…) En los acontecimientos que afligen el corazón hay que tratar de buscar el remedio y comportarse dulce y apaciblemente; los que no tienen remedio debéis soportarlos como una mortificación que os envía nuestro Señor para probaros y haceros enteramente suya, manteniendo siempre vuestro corazón lleno de paz y dulzura. Pongamos nuestra dicha en Jesucristo Crucificado y caminemos con paz y paciencia por estos espinosos caminos que nos llevan al puerto – Hacia las fuentes de la alegría.

San Francisco de Sales