Todos los pobres son sabios y solo los pobres son sabios, porque solo ellos miran el mundo con ojos limpios, sin las interferencias alucinantes del “yo”. Los desposeídos están purificados de las escorias y el smog con que el “yo” contamina la interioridad; los pobres son puros, y los puros, solo ellos, no solamente verán a Dios, sino que también verán el mundo tal como es, sin deformarlo con una visión interesada. — Del sufrimiento a la paz, pág. 172

Ignacio Larrañaga