No hay cosa más dulce que el amor, ni más fuerte, ni más ancha, ni más alegre, ni más cumplida, ni mejor en el cielo ni en la tierra. Porque el amor nació de Dios, y no puede holgar sobre todo lo criado, sino en este mismo Dios. El que ama vuela, corre, alégrase, es libre, no es detenido, toda cosa da por el todo, y tiene todas las cosas en todas; porque huelga en un sumo bien sobre todas las cosas, del cual mana y procede todo bien. No mira a los dones, pero vuélvese al dador de ellos. El amor nunca sabe modo; hierve sobre toda manera. El amor no siente carga, ni estima los trabajos: más desea que puede. No se queja lo manden lo imposible; porque cree que todo lo puede en Dios: en conclusión, para todo es bueno. — La Imitación de Cristo. Pag, 79

Tomás de Kempis