Hijo, más me agrada la paciencia y humildad en lo adverso, que la mucha consolación y devoción en lo próspero. ¿Por qué te entristece una pequeña cosa hecha o dicha contra ti; que aunque más fuera no debías enojarte? Déjalo ahora pasar; porque no es lo primero, ni nuevo, ni será lo postrero, si mucho vivieres – La imitación de Cristo.

Tomás de Kempis

Hijo, más me agrada la paciencia y humildad en lo adverso, que la mucha consolación y devoción en lo próspero. ¿Por qué te entristece una pequeña cosa hecha o dicha contra ti; que aunque más fuera no debías enojarte? Déjalo ahora pasar; porque no es lo primero, ni nuevo, ni será lo postrero, si mucho vivieres. Harto esforzado te muestras cuando ninguna cosa contraria te viene, y aconsejas muy bien, y consuelas y esfuerzas a otros; mas cuando viene a tu puerta alguna súbita tribulación, luego te falta consejo y esfuerzo. Mira tu flaqueza, pues la ves por experiencia aún en muy livianos acaecimientos; mas sábete que se hace por tu salud cuando éstas u otras cosas semejantes acaecen.

Ponme a mí en tu corazón como mejor supieres; y si te tocare la tribulación, a lo menos no te derribe ni embarace mucho tiempo. Súfrela a lo  menos con paciencia, si no puedes con alegría. Y si oyes algo contra razón, y sientes alguna indignación, refrenate, y no dejes salir de tu boca alguna palabra desordenada que escandalice a algún flaco; presto se amansará el ímpetu que en tu corazón se levantó, y el dolor interior se volverá en dulzor, tornando la gracia. Vivo yo, dice el Señor, aparejado para ayudarte y para consolarte mucho más de lo acostumbrado, si confías en mí, y me llamas con devoción.

Sosiega tu ánima, y percíbete para trances mayores. Y aunque te veas muchas veces atribulado, o gravemente tentado, no es ya por eso todo perdido. Hombre eres, y no Dios; carne, y no ángel; ¿cómo puedes tú estar siempre en un mismo estado de virtud, pues le faltó al ángel en el cielo, y al primer hombre en el paraíso? Yo soy el que levanto con entera salud a los llorosos, y traigo a mi divinidad los que conocen su enfermedad.