Se necesita derribar en nosotros los creyentes, y en nosotros, hombres de la Iglesia, la falsa persuasión de que ya se cree, de estar a punto en lo que se refiere a la fe. Necesitamos hacer nacer la duda –no se entiende sobre Jesús, sino sobre nosotros–, para entrar luego a la búsqueda de una fe más auténtica. ¡Quién sabe si no sería bueno, por un poco de tiempo, no querer demostrar nada a nadie, sino interiorizar la fe, redescubrir sus raíces en el corazón!

Jesús preguntó a Pedro tres veces: “¿Me amas?”. Sabía que la primera y la segunda vez, la respuesta llegó demasiado rápido como para ser verdadera. Por último, a la tercera vez, Pedro entendió. También la pregunta sobre la fe nos debe llegar así; por tres veces, con insistencia, hasta que nos demos cuenta y entremos en la verdad: “¿Tú crees? ¿Tú crees? ¿Crees realmente?”. Tal vez al final responderemos: “No, Señor, yo realmente no creo con todo el corazón y con toda el alma. ¡Aumenta mi fe!”.


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Raniero Cantalamessa