Aquel que no se recoge para hacer meditación y en ese momento no reza y pide las gracias que necesita para la perseverancia en la virtud, no lo hará en otro momento… Por el contrario, el que todos los días hace meditación, conoce muy bien las necesidades de su alma y los peligros en que se halla y el deber que tiene de rezar — El gran medio de la oración, c. II, 2