Ahora te deseo yo recibir con devoción y reverencia, deseo, Señor, meterte en mi casa, de manera que merezca yo como Zaqueo ser bendito de ti y contado entre los hijos de Abraham. Mi ánima desea recibir tu sagrado cuerpo, y mi corazón desea ser unido contigo. Date, Señor, a mí, y basta; porque sin ti ninguna consolación satisface, sin ti no puedo ser, y sin tu visitación no puedo vivir; por eso me conviene llegarme muchas veces a ti, y recibirte para remedio de mi salud, porque no desmaye en el camino, si fuese privado de este celestial manjar. Porque tú, benignísimo Jesús, predicando en los pueblos y curando diversas enfermedades, dijiste 97: no quiero consentir que se vayan ayunos, porque no desmayen en el camino. Haz pues ahora conmigo de esta manera, pues te quedaste en el Sacramento para consolación de los fieles. Tú eres suave hartura del ánima; y quien te comiere dignamente participante y heredero será de la eterna gloria — La imitación de Cristo, Pag 170

Tomás de Kempis