Jesús necesita corazones que olvidándose de sí mismos y lejos del mundo, adoren y amen con frenesí y con locura su Corazón dolorido y desgarrado por tanto olvido. Jesús mío, dulce dueño de mis amores, toma el mío .A los pies de tu Cruz lo pongo… Está junto al de María. Jesús mío, tómalo… enséñale tus heridas… Enséñale tus dolores y tus amarguras. Enséñale tus tesoros para que aprenda a despreciar el mundo y todo lo que no seas Tú… Enséñale el amor… Ponle junto a tu Corazón para que de una vez se embriague en tus delicias, y se empape en tu purísima divinidad. — Dios y mi Alma. Pag, 27

San Rafael Arnaiz Barón