Dejar de estar «enamorado» no tiene que significar que desaparece el amor. El amor en este segundo sentido, amor que es diferente a «estar enamorado», no es meramente un sentimiento. Es una unidad profunda, sostenida por la voluntad y deliberadamente fortalecida por el hábito; y en los matrimonios cristianos es una unidad que es reforzada por la gracia que ambos esposos piden y reciben de Dios.  — Cristianismo… ¡y nada más! Pag, 58

C. S. Lewis

Pueden sentir este amor aun en momentos cuando casi se detestan el uno al otro, tal como uno se sigue amando a sí mismo aun en momentos en que uno casi se detesta a sí mismo. Se puede retener este amor recíproco aun en casos en que fácilmente, si uno se descuida, se «enamora» de una tercera persona. El «enamoramiento» los movió primero a prometerse fidelidad; este amor más tranquilo los capacita a mantener su promesa. Es en base de este amor que funciona el motor del matrimonio: el enamoramiento fue la explosión que lo puso en marcha.