El cristiano no pasa por el mundo con los ojos cerrados, sino con los ojos muy abiertos, y en la naturaleza, en la música, y en el arte todo… goza, se deleita, ensancha su espíritu porque sabe que todo eso es una huella de Dios, que todo eso es bello, que esas flores no se marchitan… porque su belleza más completa y cabal la va a encontrar en el mismo Dios – Un fuego que enciende otros fuegos.


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San Alberto Hurtado