Lo más difícil, para los que se han embarcado en la milicia de la fe, es tener paciencia con Dios. La «conducta» del Señor para con aquellos que se le entregaron es, muchas veces, desorientadora. No hay lógica en sus «reacciones». Por eso mismo no hay proporción entre nuestros esfuerzos por descubrir su rostro bendito y los resultados de ese esfuerzo; y muchos pierden la paciencia y, confundidos, lo abandonan todo. Dios es el manantial donde todo nace y todo se consuma. Es el pozo inagotable de toda vida y gracia. Todo lo dispone y dispensa según su beneplácito. En el dinamismo general de su economía, sólo existe una dirección: la de dar. — Muéstrame tu Rostro. Pag, 57

Ignacio Larrañaga