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Muchas cosas ansía, Señor, mi corazón en esta escasez de mi vida, provocado por las palabras de tu santa Escritura, y de ahí que sea muchas veces en su discurso copiosa la escasez de la humana inteligencia; porque más habla la investigación que la invención, y más larga es la petición que la consecución, y más trabaja la mano llamando que recibiendo.

Tenemos una promesa: ¿Quién podrá desvirtuarla? Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros? Pedid y recibiréis. buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide, recibe, y el que busca, hallará, y al que llama, le será abierto. Promesas tuyas son. ¿Y quién temerá ser engañado, siendo la Verdad la que promete? —Confesiones de san Agustín. Pag, 83

San Agustín