Subrayemos un punto esencial: la ayuda que nos aporta el Señor en una situación dada nunca es un toque de varita mágica, una intervención que hay que recibir pasivamente para que todo mejore. Cuando Dios actúa en nosotros, nunca lo hace sin nosotros, sin invitar a nuestra inteligencia a que vea las cosas de un modo nuevo, a unas opciones a nuestra libertad, a actitudes nuevas. Dicho de otro modo, toda intervención divina en nuestra vida pasa por cierta llamada a la conversión. «Os he creado sin vosotros, dijo el Señor a Santa Catalina de Siena, pero no os salvaré sin vosotros» – Llamados a la vida.

Jacques Philippe