Conócete por indigno de la divina consolación, y más bien digno de ser atribulado. Cuando el hombre tiene perfecta contrición, luego le es grave y amargo el mundo entero. El virtuoso siempre halla bastante materia para dolerse y llorar; porque se mire a sí, ora y piensa en su prójimo, sabe que ninguno vive aquí abajo sin tribulaciones y cuanto más atentamente se mira, tanto más halla por qué dolerse. Materia de justo dolor y entrañable contrición son nuestros pecados y vicios, en que estamos tan sumergidos, que casi no podemos contemplar lo celestial. — Imitación de Cristo. Pag, 13 

Tomás de Kempis