Bienaventurado aquel que obtuvo de Dios un deseo semejante al que recibe de la que ama un amante apasionado. Bienaventurado quien teme al Señor tanto como los acusados a su juez. Bienaventurado aquel que está animado por un ardor tan sincero como el de un servidor fiel hacia su maestro. Bienaventurado aquel que ha llegado a ser tan celoso por las virtudes como esos maridos que vigilan a sus mujeres. Bienaventurado aquel que se mantiene en oración ante el Señor como lo hacen los servidores ante su rey. Bienaventurado aquel que se esfuerza sin tregua en complacer al Señor como otros buscan complacer a los hombres.  — La Santa Escala. Pag, 136

San Juan Clímaco