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El alma de la mujer debe ser expansiva y abierta a todos los seres humanos, debe estar en silencio para que ninguna pequeña llama débil se apague con los vientos tormentosos.

Cálida para no entumecer los frágiles cogollos, clara, para que ninguna plaga se asiente en rincones y recovecos oscuros. Autónoma, de modo que ninguna invasión externa pueda poner en peligro la vida interior.

Vacía de sí misma, para que la vida ajena tenga cabida en ella. Finalmente, dueña de sí misma y también de su cuerpo, de modo que toda la persona esté a disposición de cada llamada. Principios de la educación de las mujeres. Punto 5


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Santa Edith Stein