Soy mujer y hoy vengo a contarte algo de mi historia por una sola razón: porque creo que quizás puede ayudarte a descubrir un poco de la tuya. 

Cuando era adolescente, empezaron las primeras manifestaciones fuertes de mi ser como mujer, empecé a sentir mis emociones con más claridad y a interesarme en mi cuerpo y mi apariencia. Pero también empezaron las comparaciones con otras chicas y los cuestionamientos a mi entorno por no dejarme ser más libre.

Con el paso del tiempo, muchas veces me rebelé contra eso que sentía que me habían impuesto y con lo que no estaba contenta. Pero también, gracias a eso, encontré un refugio seguro en mi diálogo con Dios. Esto me hizo dar cuenta de que pasara lo que pasara, el único que no me fallaba era Él. 

La mujer y su relación con Dios y la Iglesia (carta abierta)

Como muchas mujeres, pasé por varios desafíos, primero en el plano personal y después en mis relaciones afectivas; muchas de ellas me dejaron herida y confundida. Después pasé por una etapa de soledad fuerte, de muchos quiebres emocionales y también de sentirme vulnerable. Pero ¿sabes qué? en todo este tiempo, lo que me mantuvo en pie fue mi fortaleza espiritual y mi fe. ¿Te suena muy cliché? 

Te entiendo, porque en el tiempo en que vivimos, a veces pareciera que ser mujer y católica implica no ser empática con las demás. Y te confieso que me da un poco de rabia cuando las personas creen que por ser católica, una no tiene sensibilidad ante los sufrimientos de otras mujeres. Como si por no llamarte «feminista» y no compartir ciertos ideales, estuvieras de acuerdo con la opresión a las mujeres, el acoso callejero o rechazaras la idea de considerarte una persona increíblemente capaz de lograr todo lo que te propongas. 

Déjame decirte algo: ¡eso no tiene ningún sentido! Una mujer católica es plenamente capaz de valorar y hasta celebrar la lucha histórica de las mujeres y sus logros, pero además de ser sensible y misericordiosa ante los sufrimientos de aquellas mujeres que han sido víctimas de distintos tipos de abuso. Y sobretodo, de ser consciente de su dignidad y orgullosa de ese «genio femenino» que nos hace compasivas y fuertes a la vez, receptivas y luchadoras, generosas y dispuestas. 

Hay un tema más del que me encanta reflexionar y aprender. A veces parece que nuestro cuerpo y nuestra sexualidad están desligados de nuestra espiritualidad y esto (de nuevo) ¡no tiene ningún sentido! Es verdad que en nuestro entorno y más aún si estuvimos en un entorno católico, pueden habernos hablado de la sexualidad como si fuera pecado o en el mejor de los casos, se evitaba el tema. 

Incluso, puedes haber desarrollado algún tipo de culpa por tus acciones, cuando en el fondo, aún si te equivocaste, solo querías amar de verdad. Y seguramente, tomaste uno de estos dos caminos: te alejaste de ese entorno, pero en su lugar, encontraste relaciones vacías y una corriente de liberación sexual que también te hizo mucho daño y no llenó ese vacío ni esas profundas ganas de amar que tienes. O quizás, te quedaste en ese entorno por querer vivir tu fe, pero renunciaste a esa parte tan hermosa de ti que es tu sexualidad y afectividad. 

La mujer y su relación con Dios y la Iglesia (carta abierta)

Hoy quiero decirte que no debes elegir uno de los dos, porque tu cuerpo y alma están totalmente conectados. Y como mujeres lo sentimos mucho más a través de nuestro ciclo y nuestras emociones. Por eso me encantan los métodos de planificación natural (que son completamente científicos a pesar de lo que muchos desde la ignorancia creen y afirman).

Porque cuando tomas una pastilla que te altera, no eres consciente de cómo tu ciclo puede ayudarte a reconocer perfectamente cómo está tu salud y tus emociones (podría hablarte de esto mucho más, pero por ahora te recomiendo investigar sobre el Método Creighton para empezar 😉).

Por esta y mil razones más que no me alcanzan en esta página, sé que como mujer te sientes herida y lastimada en gran parte a causa de tu educación, de la Iglesia, tu familia y también del mundo. Sé que el sentido de culpa te pudo haber alejado de tu fe y que muchas veces no encuentras la fuerza para sobreponerte a algunas relaciones, abusos, equivocaciones, imperfecciones, descontentos y todo eso que te ha tocado vivir. 

La mujer y su relación con Dios y la Iglesia (carta abierta)

Pero hoy quiero decirte que no estás sola, que muchas nos hemos sentido así, pero lo más importante ¡que te des la oportunidad de volver a creer que puedes ser feliz y completamente amada! Porque el Señor está esperándote con los brazos abiertos, para darte esa segunda, tercera o décima oportunidad, sin importar tus caídas, sin ningún tipo de condiciones y juicios, ¡solo esperándote en silencio!

Quiero terminar compartiéndote un extracto hermoso de la carta apostólica «Mulieris Dignitatem», para que tú y yo sepamos reconocer el verdadero amor:  

«(…) las mujeres que se encuentran junto a Cristo se descubren a sí mismas en la verdad que Él «enseña» y que Él «realiza», incluso cuando esta es la verdad sobre su propia «pecaminosidad». Por medio de esta verdad ellas se sienten «liberadas», reintegradas en su propio ser; se sienten amadas por un «amor eterno», por un amor que encuentra la expresión más directa en el mismo Cristo».

Si quieres hablar más de este tema conmigo, decirme si estás de acuerdo o en total desacuerdo, si te sentiste identificada, piensas que me faltó decir algo, o simplemente quieres conversar, ¡me encantaría escucharte! Escríbeme a mi correo: silvia@catholic-link.com o déjanos saber qué piensas en los comentarios.