Imagina un muchacho cualquiera que juega al fútbol, se reúne en la casa de sus amigos para jugar videojuegos, le gusta la música y viajar con su familia. También le encanta las computadoras y pasa tiempo en ellas creando nuevas cosas. Ciertamente, es un chico millenial.

Ahora, agrégale dos ingredientes clave: pasión por la Eucaristía y amor profundo por nuestra Madre. Esto es lo que hizo distinto a Carlo Acutis, el primer adolescente millenial que con solo 15 años logró llevar una vida tan simple y al mismo tiempo tan llena de frutos, que el papa Francisco lo declarará beato este próximo 10 de octubre.

En el video que les traemos hoy, vemos la historia de Carlo, contada por personas cercanas a él y a la causa de su beatificación. A continuación, compartiremos con ustedes algunas anécdotas y detalles de su vida que vale la pena comentar pues pueden ser poderosos elementos apostólicos.

¿Encuentras alguna otra anécdota que te llame la atención? Dinos qué piensas en los comentarios.

Una influencia insospechada para Carlo Acutis

Carlo Acutis nació en Londres en 1991, hijo de padres italianos. Dos semanas después de nacer, recibe el bautismo y a los pocos meses, su familia se muda de vuelta a Italia para establecerse en Milán. Podemos decir que Carlo es bastante afortunado, no solo por nacer dentro de una familia con holgura económica, sino también porque recibió el bautismo a las
dos semanas de vida a pesar de que sus padres no eran devotos.

Carlo corría el riesgo de crecer, como tantos otros, en una familia católica solo de nombre. Sin embargo, Dios le dio la gracia de tener una niñera verdaderamente católica. Es de ella de quien recibe la formación y el gusto por la fe. No hay duda de que solo en la eternidad sabremos el verdadero impacto que esta niñera tuvo en la vida de Carlo y en tantas otras
que indirectamente serán tocadas por la vida y testimonio de este joven millenial.

Vale la pena detenernos en este este hecho por un momento, volver la mirada hacia nosotros mismos y preguntarnos: ¿Hacemos bien nuestro trabajo?, ¿somos consecuentes con nuestra fe? Probablemente esta niñera no imaginó jamás que estaba criando a un santo, no sospechó que ese niño serviría de inspiración para tantos otros jóvenes.

Ella se dedicó a vivir su fe sinceramente y a hacer su trabajo con amor. Por lo tanto, era inevitable que, en el camino, su entusiasmo contagiara y encendiera el amor a Dios en Carlo Acutis.

Otro ejemplo de santidad

Un ejemplo parecido es el que la madre Angélica, fundadora de EWTN, contaba acerca de la gran santa Edith Stein, doctora de la Iglesia. Antes de su gran conversión al leer los escritos de santa Teresa de Ávila, Edith comenzó a mostrar cierta curiosidad por la iglesia católica cuando se percató que una señora que regresaba del mercado entraba todos los días a la iglesia, se arrodillaba algunos minutos frente al Santísimo y continuaba luego su recorrido.

Siendo judía, esta práctica le resultaba desconcertante pues no concebía que la presencia real de nuestro Señor podría estar contenida en ese pan. La devoción y constancia de esta señora fue uno de los primeros gatillos que la trajeron a la iglesia
católica.

Probablemente, nunca sepamos quién fue esa señora y ella no se haya imaginado jamás que sus visitas a Jesús sacramentado pudieran captar la atención de esta tremenda santa… Y nosotros, ¿vivimos de tal forma que podemos ser esa influencia insospechada para alguien?

«Todos nacemos originales, pero algunos mueren como fotocopia»

A pesar de sus cortos 15 años, Carlo Acutis había comprendido de forma profunda algunos de los problemas que aquejan a los jóvenes de hoy en día —presionados tal vez por la cultura, los amigos y las redes sociales—. Por lo que pensaba que algunos, de tanto imitar determinadas modas, terminaban perdiendo la vocación que Dios les dio.

Carlo comprendía que alejarse de dicha vocación nos llevaría indefectiblemente a la insatisfacción y sensación de vacío, tan
común en nuestros días. Es innegable que las redes sociales nos empujan a ensimismarnos en ellas, en el celular. ¿La frase antídoto de Carlo? «La tristeza está en mirarse a sí mismo, la felicidad está en volcar nuestra mirada a Dios».

Este mismo conocimiento de Dios lo llevaba a reflexionar: «Las personas hacen filas para los estadios, los conciertos. ¿Por qué no estamos allí con Jesús vivo en el Sagrario? Las personas deberían estar haciendo filas para entrar a las iglesias».

Carlo estaba tan consciente de la presencia real de Jesús en el sagrario que cuando sus padres le ofrecieron hacer un viaje a Jerusalén, él prefirió quedarse en Milán pues pensó que allí había suficientes sagrarios para estar con Jesús y que esto era más atractivo que ir a ver donde estuvo Jesús hace 2000 años: «En la Eucaristía, Jesús está vivo hoy».

El «kit para hacerse santo»

Desde los tres años de edad empezó a mostrar gran interés por temas de la fe y hacía preguntas que sus papás no sabían responder. Estas ansias de conocer más a Dios, lo llevaron a formarse leyendo la Biblia y el Catecismo.

Tanto es así, que a los siete años pidió —a través de sus padres— un permiso especial para poder hacer la Primera Comunión. Esta intensa vida espiritual lo llevó a crear el denominado «kit para hacerse santo», compuesto por la misa, la Comunión, el Rosario, la lectura diaria de la Biblia, la confesión y el servicio a los demás.

Como cuenta uno de los estudiosos de su causa: «Carlo quería que la gente comprendiera este don inmenso. Dios está con nosotros, y esto debe ser motivo de felicidad y de esperanza para todos. Incluso cuando debemos soportar las cruces, porque Carlo decía que “al Gólgota subiremos todos”. Podemos santificarnos durante ese camino».

Un detalle no menor de Carlo es que su fe era parte integral de su vida y no una tarea más que hacer. Por ejemplo, rezaba su Rosario diario mientras montaba bicicleta, o cuando pasaba por una iglesia, se daba tiempo de entrar aunque sea por breves segundos para decir hola a Jesús en el sagrario.

Son gestos pequeños que hablan de lo tierno de su amor asimismo, su testimonio promovió la conversión de uno de los trabajadores en su casa, pues al pasar tanto tiempo con él, le hablaba siempre de Jesús, de su amor, de lo bello de la iglesia católica.

El trabajador que era hindú, al escucharlo tan sincero y entusiasta, buscó saber más y finalmente pidió ser bautizado. Lo mismo sucedería luego con otros trabajadores y sus familias.

Carlo Acutis, patrono de la ciber-evangelización

En el video, se cuenta también que, al velorio de Carlo llegaron personas que sus papás jamás habían visto. Resulta que, muchas de sus tardes las pasaba visitando en su bicicleta condominios cercarnos. Allí hablaba con los porteros de los edificios y otros trabajadores, muchos de los cuales no eran católicos o cristianos.

En esos recorridos, se encontró con gente necesitada, a los que no dudó en brindarles su ayuda… ¡incluso sus propios zapatos! En su tiempo libre, además de jugar con sus amigos, se daba tiempo a ser catequista de niños menores que él.

El salto a la ciber-evangelización lo dio a los 12 años, cuando decidió hacer una compilación digital de los milagros eucarísticos y las apariciones marianas. Al ser catequista, se dio cuenta que en ese tiempo no había recursos en Internet que él pudiera utilizar. Carlo pensaba que si Dios se ha dado el trabajo de mostrar todos estos milagros a lo largo de la historia es porque es importante que los conozcamos.

Es por eso que convenció a sus padres para que en vacaciones fueran de peregrinación y él pueda recopilar fotos e información necesaria para hacer un sitio web de estos milagros. Muchos especialistas informáticos, al ver su trabajo, se quedan impresionados por su talento a pesar de la corta edad que tenía.

Por esta razón muchas personas en la Iglesia, al conocer el celo y amor por las almas que Carlo sentía, lo postulan como el virtual patrono de la ciber-evangelización.

Confianza inquebrantable en Dios

Al ser diagnosticado con leucemia terminal, Carlo no desesperó, sino que dijo casi lúdicamente: «Dios acaba de programar una alarma, es decir, ha colocado un tic tac de reloj para avisarme que llegó la hora».

La gran confianza de Carlo en el Señor y en la Madre le había permitido entender que esta forma de morir era una gracia enorme. Finalmente, pocos días antes de morir, Carlo, al conocer el valor salvífico del sufrimiento, decide ofrecer sus sufrimientos por el papa (en ese tiempo, Benedicto XVI), por la Iglesia, para no ir al purgatorio y sí ir a cielo, y por la conversión de los pecadores.

Todo esto con solo 15 años de edad… Es mi oración y deseo que, como Carlo Acutis, nosotros también podamos decir: «Estar siempre unido a Jesús, ese es mi proyecto de vida». Así sea.