Hace unos días encontré en Instagram un video que hablaba de la carga mental que tenemos principalmente las mujeres en la familia y el trabajo. A decir verdad, me sentí identificada con el video y lo compartí en las historias de mi perfil. 

Al poco tiempo tenía por lo menos 10 mensajes de mujeres que me decían que también se sentían identificadas con el video.  Este hecho me dejó pensando y decidí que sería una buena idea profundizar en algunas ideas que te quiero compartir hoy en este artículo. 

Este video es parte de la campaña: «Carga mental: estar a cargo, también es carga» realizada por Comunidad Mujer, una organización de la sociedad civil que trabaja por la mujer en Chile desde hace varios años. 

Es importante decir que no estoy completamente de acuerdo en todos los puntos que ellas trabajan, pero sí hay coincidencias muy interesantes en cuanto a la dignidad de la persona y su trabajo por recuperar el valor y aporte de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad. 

¿Ser o hacer?

Esta campaña se hace en medio de un contexto que no es ajeno a ninguno de nosotros. Llevamos una vida frenética, llena de actividades y pendientes, con el cortisol a tope y recibiendo una cantidad exorbitante de estímulos e información. 

Ese es el ambiente en el que se desarrolla también el video: familias que toman el desayuno apurados, mientras se alistan para salir al trabajo y dejar a los niños en el colegio… Pero lo que más llama la atención es que todas las mujeres del video tienen papelitos tipo «post-it» pegados por todo el cuerpo con notas. 

En este frenesí, en el que nos llenamos de cosas por hacer, muchas veces nos olvidamos de ser. Nos exigimos tanto y estamos tan sobreestimulados que nos cuesta muchísimo frenar para reflexionar y entrar en nuestro interior. Pero, si no lo hacemos, corremos el riesgo de dejarnos arrastrar por la corriente y detenernos cuando ya es muy tarde, cuando la vida ha pasado por nuestras narices y no nos hemos dado el tiempo de vivirla en plenitud. 

Perfeccionismo y control 

A esta velocidad con la que va el mundo y vamos nosotros hay que sumarle dos factores: el perfeccionismo absurdo y las ganas de controlarlo todo. 

En el libro «Mujeres Brújula» de Isabel Sánchez, la autora nos comenta que es muy común que las mujeres caigamos en el bucle del perfeccionismo. Ese miedo al qué dirán y esa tendencia a poner las expectativas tan altas muchas veces nos deja paralizadas y preferimos no hacer algo a sufrir la supuesta vergüenza de hacerlo mal. 

Y eso viene de la mano con el control excesivo que queremos tener de todas las situaciones y personas que nos rodean. Eso en el fondo es miedo y es falta de confianza en Dios. Sí, yo sé que es fuerte aceptarlo, pero es verdad que muchas veces nos falta humildad para reconocer que somos limitadas y que no podemos controlarlo todo. Mientras que, si logramos dejar nuestros problemas, imperfecciones y dificultades en las manos de Dios, nuestra vida y la de quienes nos rodean también será más llevadera y alegre.  

La necesidad de la corresponsabilidad

En el video de esta campaña se ve a mujeres agotadas y hombres acomodados que esperan impasibles las órdenes de su esposa o su madre. Y aunque esto no siempre es así, lamentablemente sí es un patrón que se repite en varias familias y sobre todo en las generaciones anteriores. 

Es justamente aquí donde el video toca un punto sensible. Porque, aunque la mujer no haga todo, muchas veces sí lleva la carga mental de todo y eso no la deja vivir 100% tranquila. La buena noticia es que sí lo podemos cambiar. 

Si retrocedemos en el tiempo, sabemos todos que en los siglos pasados la mujer estaba encargada exclusivamente del hogar y las tareas domésticas en el ámbito privado, mientras que el hombre era el que salía a trabajar y participaba en el ámbito público.

Eso ha cambiado desde el siglo pasado, cuando la mujer fue ganando mayor acceso a la vida pública, al trabajo y a la educación. Pero para ese entonces había muchas costumbres arraigadas y las primeras empresas habían sido creadas por hombres, bajo sus reglas y sin contemplar las necesidades de la mujer y la familia. 

Es verdad que esto ha mejorado muchísimo en las últimas décadas, pero aún nos queda camino por recorrer. Aún tenemos que construir juntos, entre hombres y mujeres de forma complementaria, un mundo con mejores oportunidades para todos. 

Y por último, pero no menos importante, los hombres deben involucrarse mucho más en las tareas del hogar y la crianza de los hijos, pero a la vez las mujeres debemos darles el espacio para que eso suceda, soltando el control del que mencionamos arriba.   

La esencia femenina

Hombres y mujeres somos distintos y justamente son esas diferencias maravillosas las que nos caracterizan y nos hacen especiales.

Dios diseñó al hombre y a la mujer de forma que se complementen, no solo a nivel físico, sino también en formas de relacionarse, de ver la vida, de expresar las emociones y mucho más.

Específicamente, al hablar de la mujer, sin quitar la personalidad y la forma de ser única, compartimos una esencia femenina. Esta esencia se ve reflejada en algo tan tangible como nuestro ciclo o la capacidad de dar vida, pero también en nuestra capacidad de escuchar, acoger, estar pendientes de los detalles, etc.

En palabras de la gran Edith Stein, «el alma de la mujer está moldeada como un refugio donde otras almas puedan desarrollarse». Y no me queda nada más que añadir a esta explicación tan precisa sobre el ser mujer y la capacidad de acoger y potenciar a los demás. 

Pensamientos finales

Pienso que esta campaña nos ayuda a ampliar nuestra perspectiva y entender el problema de la carga mental y familiar que puede implicar un agotamiento grave en la vida de la mujer. Pero, por otro lado, no podemos quitarle a la mujer esa capacidad natural que tiene de servir y acoger a los demás. 

El proyecto de vida de una pareja y una familia implica servicio mutuo y compartir responsabilidades, así como el crear juntos un ambiente donde cada uno pueda desarrollarse plenamente y ser feliz. 

¿Tienes alguna otra idea que pueda enriquecer este tema? ¿Cómo trabajas el servicio y la corresponsabilidad en tu familia?