«Capsula Mundi» es una iniciativa que quiere ser una alternativa a la sepultura tradicional en los ataúdes que todos conocemos. La idea, principalmente, es sepultar a las personas en unas «revolucionarias semillas», inventadas por los diseñadores italianos Anna Citelli y Raoul Bretzel.

Las personas se entierran en unas cápsulas en forma de semilla sobre la cual se plantará un árbol. Este árbol es elegido previamente por la persona y su familia. Así, la familia podrá del árbol que estará ubicado en un bosque sagrado. La idea es revolucionar la idea del cementerio común, lleno de lápidas, por un bosque lleno de árboles.

«Cuerpos Muertos» 

El vídeo de «Capsula Mundi» nos explica que los «cuerpos muertos» se entierran en estas cápsulas en posición fetal. Así, darán al árbol los nutrientes que necesita para crecer, convirtiéndose en una «parte» del árbol.

Puedo entender si esta afirmación te choca un poco. Créeme, a mí también. Aunque la idea me parece «bonita» me ha llevado a reflexionar sobre el cuerpo y la resurrección de este.

Todos los cristianos conocemos el valor profundo del cuerpo humano. Sabemos que somos una unión perfecta entre el cuerpo y el alma y también sabemos que cuando morimos se da una separación —no deseada por Dios en el principio, sino que es consecuencia de nuestro pecado— entre el cuerpo y el alma.

La persona fallecida no es solo «un cuerpo muerto». Es un cuerpo separado del alma, que espera la resurrección del cuerpo para estar completa nuevamente.

El cuerpo merece respeto

Por esa razón, el cuerpo debe ser cuidado y tratado con respeto… ¡No puede ser un mero sustrato para un árbol bonito! Lo fundamental aquí es la idea que tenemos de quién es la persona humana —creada a imagen y semejanza de Dios— digna y merecedora de todo respeto, antes de morir y después de morir.

Es verdad que cuando un ser querido muere, una parte fundamental de lo que es, su cuerpo, permanece en este mundo esperando la resurrección del cuerpo. Yo tuve la oportunidad de ver a mi mamá pocos minutos después de que su alma dejó su cuerpo y yo supe que mi mamá ya no estaba «completa».

Esta es una verdad de nuestra fe y por eso vale la pena que pensemos en lo que deseamos que se haga con nuestro cuerpo en el momento que vayamos a encontrarnos con el Creador y esperemos el anhelado reencuentro con nuestro cuerpo glorioso.

¿Qué dice el Magisterio de la Iglesia?

Debido a que no pude encontrar una respuesta inmediata a lo que me planteaba el vídeo de «Capsula Mundi», fui a buscar a las fuentes. Primero busqué en la Instrucción Ad resurgendum cum Christo de la congregación para la doctrina de la fe, que nos presenta lo que la Iglesia enseña sobre la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación.

En el numeral 3 de la instrucción podemos encontrarnos con ciertas afirmaciones interesantes. Estas nos podrían llevar a pensar que, teniendo una claridad sobre la dignidad del cuerpo y el respeto debido a los difuntos, esta idea «bonita» pueda ser una posibilidad para el cristiano.

Mira: al inicio del numeral dice: «la Iglesia recomienda insistentemente que los cuerpos de los difuntos sean sepultados en los cementerios u otros lugares sagrados».

Y, en el Código de Derecho Canónico Cann. 1205  dice:

«Son lugares sagrados aquellos que se destinan al culto divino o a la sepultura de los fieles mediante la dedicación o bendición prescrita por los libros litúrgicos».

Aunque yo no soy canonista, pienso que podría presentarse iniciativa al Obispo diocesano. Con la dedicación del lugar, podría existir un bosque sagrado.

Esta reflexión sobre cómo enterramos a los muertos creo que también te puede ayudar a reflexionar.

No todo lo «bonito» está «permitido»

Cuando me encontré con el proyecto «Capsula Mundi» me pareció interesante, pero al mismo tiempo me generó unas cuantas dudas. ¡Y ocurre muchas veces!

Por ejemplo, ¿cuántas veces no hemos escuchado a algunas personas decir que quieren ser cremadas y que sus cenizas sean arrojadas al mar?, ¿o llevadas a un lugar «especial» y «botadas al aire»?, ¿o ser separadas y repartidas por diferentes miembros de la familia?, ¿o colgadas en un collar?

Todas estas ideas que también escuchamos en el cine, en las series de televisión o en otros lugares, tienen respuesta en el Magisterio de la Iglesia Católica. Los cristianos, aunque en muchas ocasiones no sabemos que «podemos o no hacer» sí debemos preguntar a los especialistas cuando nos llegue la duda. 

Por ejemplo, en la Instrucción que te comentaba quedan aclaradas las razones por las cuales —aunque sí está autorizada la cremación de los cuerpos— no se permite conservar las cenizas en casa, ni dispersar o separar las cenizas de los difuntos. La Iglesia, como buena madre que es, nos da las respuestas a las dudas que podemos tener. Por eso, ¡te invito a conocer más y mejor nuestra fe!

Y, si te interesa saber más sobre lo que la Iglesia nos enseña, me gustaría recomendarte nuestro nuevo curso: «Teología para peatones». En él escucharemos sobre el credo, los mandamientos, los sacramentos… ¡conoceremos mejor a Dios y nuestra fe!