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«Canvas» es un corto dirigido por Frank E. Abney III y se puede encontrar en Netflix. En pocos minutos y sin mencionar palabra alguna (ya que solo está acompañado de música), se cubre el abanico de emociones y frustraciones que atraviesa un abuelo tras la pérdida de su esposa.

En él vemos cómo este dolor afecta también su inspiración y motivación para pintar (algo que le encantaba). Pero lo que no sabe es que su nieta llegará para cambiarlo todo. ¡Tienes que verlo completo!


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¿Qué pasa cuando el dolor nos roba la inspiración?

En nuestra vida siempre vamos a tener distintas situaciones que escapan de nuestro control: una pérdida, miedos, inseguridades, malas experiencias o dificultades que nos pueden llevar también a la pérdida de inspiración y motivación para seguir haciendo aquello que amamos.

¿Alguna vez te ha pasado o has sentido esto? Si tu respuesta es sí, ¿qué hiciste para afrontarlo? Es el tiempo y también las personas las que nos ayudan muchas veces a sobrellevar este tipo de situaciones dolorosas y frustrantes.

«Canvas» nos invita a encontrar esa fuerza interior que todos tenemos para volver a descubrir quiénes somos, cuáles son nuestros dones o dónde ha quedado oculta nuestra creatividad.

La importancia de compartir nuestro dolor con los demás

Todos hemos experimentado lo que es el dolor. Algunos quizás en mayor o menor medida según lo que nos haya tocado vivir, pero lo cierto es que sabemos qué es lo que se siente.

Compartir y enfrentarnos al dolor no siempre es fácil. Tenemos miedo de abrir nuestro corazón, sentirnos frágiles, necesitados, de no ser acogidos, escuchados o que no nos comprendan.

También, quizás, puede pasar que no queramos enfrentar lo que estamos viviendo o sintiendo y prefiramos tapar el sol con un dedo ignorando lo que nos está pasando. 

Sin embargo, compartir nuestro dolor con los demás, ya sea con algún familiar o amigo, ayuda a sanar nuestras heridas y hacer la carga más ligera y llevadera.

Pensaba por ejemplo en Jesús, que a pesar de ser Dios hecho hombre, compartió su dolor con Simón de Cirene, quien lo ayudó a cargar su cruz hasta el Gólgota.

O también se me venía a la mente la figura de la Verónica, quien tendió a Jesús un paño para que enjugara el sudor y la sangre de su rostro. Él se dejó acompañar, consolar y descansar. ¿Por qué nosotros no hacemos lo mismo?

Tener paciencia y comprensión con nosotros mismos

No te desesperes. Ten paciencia y comprensión contigo mismo. No intentes comprender en ese momento todo lo que estás sintiendo y viviendo. No intentes recuperar a la fuerza tu inspiración ni tomes decisiones apresuradas.

Cada persona es diferente y pasa por distintos procesos y etapas. Recuerda que después de la tormenta siempre llega la calma. Nuestro protagonista no ha podido superar el duelo, pero poco a poco vemos que se deja ayudar por su nieta y empieza a ver las cosas de otro modo. 

Jesús nos recuerda: «Mi yugo es suave y mi carga ligera» (Mt, 11, 30). Nos invita a descansar en Él y ofrecerle nuestras pérdidas, dolores, tristezas, miedos, inseguridades y preocupaciones.

Nos invita a ofrecerle nuestra vida entera ya que Él nos conoce mejor que nadie. ¿Cuántas veces has ido a descansar en las manos de Dios abriéndole tu corazón?

¿Cómo volvemos a encontrar aquello que nos motivaba? 

Enfrentar nuestro dolor, compartirlo, abrirnos, confiar en los demás, ponerle nombre a lo que estamos sintiendo y sobretodo creer en la gracia y poner todo en las manos de Dios, es algo que puede ayudar en este proceso. 

El abuelo del corto había «escondido» la puerta de su taller detrás de su ropa. Es la figura de quien esconde y tapa su dolor bajo mil candados, se rinde, no quiere volver a pensar y abrir esos recuerdos alegres para que nadie los vea.

Quiere olvidar… Prefiere en un momento quedarse sumergido en lo que está sintiendo, en su tristeza. Dándole vueltas a las cosas, olvidando el pasado, sin una luz de esperanza, que al final se traducen en una pérdida de inspiración y de creatividad que lo alejan de sí mismo.

Sin embargo, la mirada inocente, curiosa y sencilla de su nieta, lo ayudan a volver a abrir esa puerta que estaba cerrada y a reencontrarse consigo mismo. 

A pesar de la situación dolorosa que estaba viviendo, abrió su corazón, confió, se dejó ayudar. Y luego de su propio proceso, cuando volvió a su taller de arte, pudo reencontrarse con la magia de su don y aquellos recuerdos que lo habían hecho tan feliz. 

Finalmente volvió a pintar, volvió a la vida y a vibrar. Qué importante es la presencia de los demás para recordarnos quiénes somos. ¿Te dejas ayudar?, ¿aceptas el consuelo que otros te brindan?, ¿acoges el amor de Dios?

El corto habla por sí solo y sobran las palabras. ¡Qué lo disfruten! Si ya lo vieron, cuéntennos en los comentarios qué fue lo que más les gustó.

El duelo: cómo superar el dolor y seguir adelante