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Si estás leyendo esto seguro te preguntaste: ¿qué tendrá que ver la espiritualidad de María con una canción de Fonseca? Tranquilo, te explico cómo se relaciona todo y cómo llegue a esta conclusión.

No sé si sea debido a mi edad —ya más cerca de los 30 que de los 20s— que me empiezo a cuestionar mucho más sobre lo que quiero de mi vida. Y no solo pienso en «qué quiero», también pienso en el «para qué» y en el «hacia dónde» (como recomendaba san Ignacio de Loyola preguntarse antes de cualquier actitud).

Poco a poco nos vamos dando cuenta que no hay un manual, que somos únicos, y que cada uno debe descubrir quién es a los ojos de Dios, y qué sueño tiene Él para nuestra vida.


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Entonces me puse a pensar en María… y más concretamente en su espiritualidad. ¿Cómo habrá sido la espiritualidad de María? Conocemos muchos detalles de su vida gracias a las Escrituras, pero ¿será que su espiritualidad puede darme luces a mí?

¡Qué mejor ejemplo de creyente que Ella! Pensando en todo esto me encontré esta canción hermosa de Fonseca llamada: «Porque Nadie Sabe». Y mientras la escuchaba me di cuenta que en todo momento ¡me recordaba a María!

Su camino, su vida diaria, su sí rotundo, su amor, su fidelidad. Escuchemos primero la canción y luego reflexionemos en cinco puntos.

1. «Tú y yo que caminamos por la misma calle…»

María era una joven normal, digamos: no estaba estudiado cómo ser influencer, ni había ganado un doctorado en tipo «la Universidad de Jerusalén» 😅, no era una super-heroína de película ni nada por el estilo, pero Dios la elige ¡por su pequeñez!

«Porque has mirado la pequeñez de tu sierva», cantaba María alegre. Hay una canción-oración a María que dice: «María, he mirado hacia el cielo pensando en las nubes tu rostro encontrar… sentirte entre tantos milagros… y al fin te encontré en la misma vereda que yo».

¡Qué hermoso es recordar que María siempre está, al igual que su Hijo, caminado con nosotros, por la misma calle!

2. «Y nos entendemos solo con mirarnos»

María llevaba una vida orante, y muchos podrán pensar: ¿pero cómo si le tocaba ir al mercado, lavar, cocinar, andar a pie, cuándo oraba?, ¿o será que no hacía nada de eso y se dedicaba todo el día a orar? Ella sabía que Dios la acompañaba a todas partes y que la miraba en cada momento.

¡A ti también te mira y te acompaña! «María guardaba todas esas cosas en su corazón», llevaba una vida contemplativa pero no ensimismada, ¡con Dios en el corazón a donde quiera que iba! ¿Tú dejas entrar a Dios sin reparo alguno a tu vida?

Dios es esa persona con la que puedes mirarte y no esconder nada, ser tú, confesarle todo lo que quieres, lo que deseas, lo que sueñas. ¡Él te entiende solo con mirarte!

3. «Porque yo no olvido que nunca dudaste de mí…»

Entonces, si María no era una «crack» con superpoderes, ¿por qué la eligió Dios? Él la elige porque cree en Ella y eso María lo presiente… ¡Y así mismo Dios cree en ti y en mí, Él no duda de nosotros!

No duda de nuestra capacidad de amar y cambiar el mundo. Pero nosotros dudamos tanto que decimos «todavía no estoy listo, Dios». En cambio, María sabía que no se trataba de sus fuerzas, sino de las de Dios.

Se abrió tan profundamente a la gracia, que Dios la rebozó de ella. «Alégrate María, llena eres de gracia, el Señor es contigo…». ¡Dios nunca dudó de María y María no dudó de su Señor!

4. «Porque eres mi vida, sin ti no sería»

«El Señor es contigo». Recuerdo que mi mamá me corregía cuando era pequeña: «No ‘está’, sino ‘es’ con María». Increíble: sin María Jesús no sería. María, con solo permitirse interpelar por Dios, logró darle realmente la vida al mismo Jesús.

Se entregó por completo, no se guardó nada, Dios la tomó toda para darse en ella a nosotros. Ella no tuvo que cruzar el continente a misionar, ni pagar entrenamientos, ni responder un cuestionario de conocimientos.

Así, como era, se sentía elegida, amada por Dios y su «sí» fue el más importante de toda la historia. ¿Eres consiente de que Dios te ama tal y como eres?, ¿sin importar los defectos con los que tú mismo te juzgas?

5. «Hasta el final te seré fiel…»

María era fiel a Dios y a sus caminos, ella misma tenía fe en que Dios era fiel. Era un amor correspondido, María amaba a Dios y Dios amaba a María.

Me imagino a un buen matrimonio, confiando en que el otro busca su bien y no temen poner sus planes, sus vidas en común. Así era la relación de Dios con María.

Si María es nuestro modelo, ¿qué podemos aprender de Ella?, ¿cómo puedo comenzar a sentirme tan amado, confiado, elegido por Dios así como soy?, ¿estoy dispuesto a decirle sí a Dios?

¡María, ruega por nosotros! Enséñanos a experimentar a Dios como tú lo experimentaste, y a decir: «Eres mi vida, sin ti no sería» 🎶

Espiritualidad de María: 5 claves para entenderla