canción de Aitana

¿Podríamos escuchar un mensaje de Dios escondido en una canción balada-pop de Aitana, una cantante de reggaeton?

Últimamente, se nos ha invitado como iglesia a evangelizar, como lo hicieron los primeros apóstoles, al anunciar la buena nueva en todos los rincones de la tierra, con todos los medios posibles.

Podemos encontrar que Dios nos habla en todas las cosas pequeñas que realizamos, que escuchamos o incluso que bailamos todos los días.

Hoy quiero compartirte un fragmento que me ha conmovido.

La canción «Vas a quedarte» de Aitana

Aitana es una cantante española de 24 años. Se desempeña en ámbitos de reguetón, pop, baladas, entre otros. Desde el 2017 comenzó su carrera artística, desde entonces ha cosechado éxito tras éxito.

En sus canciones ha podido escribir acerca del amor y del desamor. Precisamente en una de ella, considero que nos revela un verso de amor para dedicarle a Jesús, para que regrese a reinar en nuestra vida.

La canción se llama «Vas a quedarte». Quizás ya la hayas escuchado. Si no, te la comparto para que puedas escucharla. La letra se puede interpretar sobre un amor que se perdió, al cual le pide que regresase y que esta vez se quede.

Pero la carta de amor está especialmente en el estribillo. Te lo explico, a continuación, en 4 puntos.

«Vas a quedarte, yo te prometo que esta vez voy a cuidarte»

Muchas veces llegamos a sentir y a creer que Dios no está a nuestro lado, que más bien somos indiferentes para Él. Pero eso no puede estar más lejos de la verdad. La mayoría del tiempo somos nosotros los que nos alejamos de Dios.

Quizás por algo que no salió como queríamos, tal vez porque tuvimos un problema y sentimos que nunca hubo respuesta… en fin, hay mil razones por las cuales nos podemos alejar de Dios.

Pero llega un momento en el que, como Buen Pastor, Él va a nuestro encuentro. Nos busca para recordarnos que sigue ahí, que nunca se ha ido. Solo está esperando que le demos la bienvenida a nuestra vida, para sanar heridas y enseñarnos nuevamente a ser felices.

Por eso, esta frase me parece hermosa. Nos mueve a tomar la iniciativa para reconciliarnos con Dios y decirle «¿vas a quedarte, por favor?». Como le dijeron los discípulos de Emaús: «Por lo menos, quédate a cenar».

Igualmente, nosotros lo invitamos a quedarse para siempre y decirle «te prometo que esta vez voy a cuidarte». Sé que se preguntarán ¿Y cómo puedo YO cuidar a Dios?

La piedad con la que recibimos la Eucaristía, la delicadeza en nuestros ratos de oración, la manera en que cuidamos las cosas sagradas, cuando superamos los respetos humanos para defender la fe y el respeto por su Nombre… eso es amar y cuidar a Jesús.

Luego, cuidando nuestro cuerpo, que es templo del Espíritu Santo. Cuidando nuestras palabras, pensamientos y sentimientos. Cuidándonos (amándonos) a nosotros, para así poder amar a nuestros prójimos… eso también es amar y cuidar a Jesús.

¿Se te ocurren más ejemplos? ¡Compártenos en los comentarios!

«A nuestra historia le hace falta una segunda parte, aunque nos digan que eso nunca sale bien»

Todos, en algún momento de nuestra vida, tenemos la oportunidad de encontrarnos con Él. Muchos lo siguen a pesar de las dificultades, otros nos perdemos en el camino y nos alejamos, pero, cuando nos reencontramos con Él, es como volver a continuar la historia de amor.

Él, en su infinito amor y misericordia, siempre nos da una segunda oportunidad y nos espera con los brazos abiertos. ¿Por qué negarse a esta historia de amor? Quizás no vaya a ser como las películas de Hollywood, pero es la historia de amor más sincera y pura que tendremos en nuestra vida.

Habrá personas que nos dirán que estamos locos, que somos hipócritas… y miles comentarios más. Pero, aunque todo el mundo crea eso, será la mejor decisión.

Tenemos la historia de vida de muchos santos y mártires que nos enseñan que dar ese «sí» es lo que puede cambiar nuestra vida.

«Vas a quedarte, yo haré de todo por volver a enamorarte, yo tengo miedo porque nunca pude reemplazarte»

A veces, tenemos tanto miedo de entregarnos a un amor tan puro y real, porque nos hemos conformado con amores egoístas y manipuladores. Jesús nos ofrece un amor eterno, sin atadura, sin engaños, sin dolor.

Él nos ofrece un amor verdadero. Dios nos amó tanto que entregó a su único hijo… y Jesús aceptó entregarse por amor también. Es maravilloso entender este misterio. Él no nos pida nada más que amor.

En la vida buscamos tantas opciones, tantos planes y personas para poder sentirnos plenos y felices. Pero todo eso, a veces, solo dura un segundo y después volvemos a sentirnos infelices, insatisfechos o solos.

La mayoría del tiempo nos olvidamos de recurrir a Él. No nos damos cuenta de que Él es irremplazable, Él es lo que le da sentido a nuestra vida.

Con Él no necesitamos nada más para sentirnos plenos, pues nos brinda la esperanza de un mejor mañana.

«Y si lo intentas, te prometo que esta vez, vas a quedarte»

Esta última oración del estribillo de esta canción de Aitana es como una súplica: «y si lo intentas…». ¿Cuántas veces le hemos suplicado a personas que no nos hacen bien?

Si quieres la respuesta, diría que muchas. A Dios no tenemos que suplicarle que se quede, porque Él siempre ha estado, siempre está y siempre estará con nosotros.

Aunque a veces no lo sintamos, aunque a veces nosotros nos alejamos, Él sigue ahí esperando que le abramos la puerta de nuestro corazón para sanar heridas.

Para muchos puede ser extraño que por el estribillo de una balada podamos profundizar en nuestra relación con Dios y en cómo podemos invitarlo a que reine en nuestra vida. Pero estamos llamados a buscar el bien en todo lo que hacemos, hablamos o escuchamos.

Jesús, a veces, nos habla por diferentes medios. La mayoría del tiempo, en todo lo cotidiano. Así que, ¡no dejemos de escucharlo y de invitarle a formar parte de nuestra vida!

Bueno, espero que este punto de vista del estribillo de la canción «Vas a quedarte» de Aitana te haya dado una idea de que puedes volver a invitar a Dios a formar parte de tu vida.

Él está esperándote como todo un caballero para demostrarte un amor puro y tan real que no se ruega y que no lastima.

Artículo elaborado por Katerin Carías